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Aurora Morea de Pedrini
Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora

Aurora es la madre de Susana Pedrini, arquitecta y docente universitaria detenida-desaparecida junto a su marido, José Daniel Bronzel, y su suegra Cecilia Podolsky de Bronzel, el 27 de julio de 1976. A esta tragedia que atravesó la familia de Aurora, se le sumó el secuestro y desaparición de Antonio Juan Lucas Mosquera, esposo de su hija Noemí, a mediados de diciembre de ese mismo año.

Mi hija Susana se recibió de Arquitecta a los 23 años. Ella y su esposo, José Daniel Bronzel, trabajaban como docentes en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires. Ninguno era militante. Estaba embarazada. Los secuestraron junto con su suegra, Cecilia Podolsky de Bronzel. Todos desaparecidos. Los antropólogos encontraron en el año 2000 a mi hija y, un año más tarde, a José, en lo que se conoce como la Masacre de Fátima. Su cuñado Antonio Juan Lucas Mosquera, esposo de Noemí, también está detenido – desaparecido desde el 17 de diciembre de 1976.

Aurora inició inmediatamente la búsqueda de sus seres queridos, pero tuvieron que pasar muchos años para que pudiera acercarse a la verdad. El equipo de Antropología Forense le confirmó que Susana y su marido fueron asesinados el 20 de agosto de 1976 en la masacre de Fátima, Pdo. de Pilar, Prov. de Buenos Aires. Ese día, 20 hombres y diez mujeres fueron secuestrados por fuerzas militares y policiales dependientes del Cuerpo I de Ejército, fueron ejecutados en un camino vecinal cercano a la localidad de Fátima. Para muchos, ésta fue la matanza más brutal perpetrada por la última dictadura militar. Susana estaba embarazada de dos meses y medio cuando fue asesinada.

Cecilia ‘Chola’ Podolsky de Bronzel era la mamá de José Daniel. Fue secuestrada junto a su hijo y a Susana. Tenía 51 años de edad y era ama de casa.

 

EL RECUERDO DE SUSANA

Susana nació el 28 de julio de 1947. Su secuestro ocurrió un día antes de que cumpliera 28 años. Así la recuerda su hermana Noemí: Susana era mi hermana mayor y mi referente. Me enseñó a apreciar la buena música y me transmitió su sensibilidad estética. Todo en ella era armonioso, desde su persona hasta los detalles de su casa. Siempre fue muy responsable. Desde adolescente fue seria y retraída, muy estudiosa, estaba siempre en el cuadro de honor. Alrededor de los 23 años se desplegó y afloró su alegría. Amaba la vida. Irradiaba luz.

 

LA LUCHA CON LAS MADRES

En 1976, cuando desaparece mi hija, mi yerno y mi consuegra, yo no sabía lo que estaba pasando en el país. Me llaman y me dicen que habían entrado en el departamento de mi hija y se los habían llevado. Me dijeron que eran como 5 ó 6 coches Falcon que pararon y que cuando bajaron del edificio estaban esposados con las manos atrás y encapuchados. Cuando fui al departamento vi que les habían revuelto todo y les habían robado un montón de cosas. Yo no sabía qué decir ni hacer. Empecé a buscar a dónde podía ir. Yo estaba sola completamente, mi hija Noemí ya estaba casada y no vivía conmigo. Por fin, se me ocurrió ir al Buenos Aires Herald. Me recibieron muy bien, les conté la historia. Al día siguiente, lo primero que hago es comprar el diario y veo que estaba en la tapa pero estaba en inglés y yo de inglés no sé una palabra. Entonces ese mismo día me fui desesperada a preguntar por qué había salido en inglés y me explicaron que no podían sacarlo de otra forma.

Así continuó la lucha, mi vida y mi desesperación. En una oportunidad habían 20 o 25 Madres en Plaza de Mayo y Chela Mignone me dijo ‘¿Aurora, no querés ir a la Plaza que las Madres se reúnen? Yo no sabía nada de las Madres, pero como era jueves fui por primera vez a la Plaza y me dijeron que no me acercara a nadie que teníamos que caminar y hacer que mirábamos cualquier cosa. Entonces yo caminaba, miraba, daba la vuelta, no hablaba con nadie y hubo un momento en que me quedé mirando una estatua y se me acercan dos policías y me dicen que tome asiento. Yo en ese entonces no era muy tranquila y les digo: ‘No, no tengo ganas de sentarme. Yo estoy paseando’. ‘Bueno, usted tiene que sentarse o salir de la Plaza’, me contestaron. Y yo con mi carácter fuerte les dije: ‘si ustedes quieren que yo salga de la Plaza, saquen a toda esa gente que está sentada, que era mucha gente mayor, y entonces yo voy a salir. Pero yo no me voy a mover ni me voy a sentar’. Entonces, me agarraron del brazo y me llevaron a un coche de policía. Yo estaba contenta, no tenía miedo porque pensaba que quizás podía ver a Susana. En eso, me acompaña una Madre, que quiso venir conmigo, Marta Vásquez, y me dijo: ‘Yo voy con vos, Aurora’. Nos tuvieron ahí horas, nos tomaron las huellas digitales, no nos decían nada. Yo les decía que lo único que quería saber era por qué se habían llevado a mi hija. Ellos se reían entre ellos’.

Fue así como la búsqueda de Aurora, que un principio fue solitaria, se volvió colectiva al encontrar a otras madres que como ella estaban buscando el paradero de sus seres queridos. Tuvieron que pasar 23 años de lucha y búsqueda inclaudicable para que pudiera llegar a conocer el destino de su hija.

Cuando supe por Mignone que había empezado el trabajo de los antropólogos, le pedí la dirección porque yo sentía que mi hija quería que la encontrara y yo quería encontrarla. Entonces los fui a ver, en el ‘86 u ‘87, no me acuerdo el año. Me recibieron maravillosamente porque siempre fueron así. Nos han contenido muchísimo a mí y a mi hija. Nos sacaron sangre y nos dijeron que iban a investigar. Cuando los antropólogos me llamaron que habían encontrado los restos de Susana, fue en el año 1999. Habían pasado 23 años de lucha. Ellos empezaron por la Masacre de Fátima y la casualidad fue que la primera muestra de ADN que ellos mandaron a analizar a Francia era mi hija. Entonces, inmediatamente lo mandé al hermano de mi yerno a que diera sangre también para ver si encontrábamos a José y a la mamá. Ellos encontraron a José pero me dijeron que no había restos de personas grandes. Por lo tanto a mi consuegra no la pudimos encontrar. Cuando ellos me entregaron los restos de Susana, fue más doloroso que cuando Susana desapareció porque en ese momento yo no esperaba que estuviera viva, pero fue un golpe muy fuerte.


 

EN NOMBRE DE MI HIJA

Luego de más de treinta años de lucha, Aurora sigue su camino junto con las Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, en el reclamo por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Actualmente, una calle del centro de Pilar lleva el nombre de su hija Susana.

Mi hija siempre me decía que ella quería dejar algo para el día de mañana, ‘para que se sepa quién soy’, decía ella. No pudo tener a su hijo y su obra no pudo dejarla. Pero un día me llamaron de Pilar, Osvaldo Pugliese, diciéndome que querían poner su nombre a un Boulevar. Yo le dije que sí, encantada. Después les pedí que agregaran que Susana Elena Pedrini de Bronzel era una de las víctimas de la Masacre de Fátima, para que en el día de mañana se supiera quién era. También se hicieron homenajes en Fátima. Nos invitaron muchas veces, yo estuve muy agradecida a Osvaldo por lo que hizo porque por lo menos quedó el nombre de mi hija en algún lado.

 

EL RECLAMO DE JUSTICIA

Yo espero que todos los responsables terminen presos en cárceles comunes. Yo nunca deseé que los maten que hagan lo que hicieron con todos los nuestros, con los 30000 detenidos desaparecidos. Lo que yo quiero es que sean enjuiciados uno por uno y los metan en cárceles comunes y los cuiden para que no se mueran. Que se pudran en la cárcel. Que lleguen a los 100 años. Eso es lo que yo deseo.