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Jorge Castro Rubel
Nieto restituido por Abuelas de Plaza de Mayo

Hijo de Hugo Castro y de Ana Rubel, Jorge nació entre junio y julio de 1977, en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), y supo quién era a fines de 2014. Abocado a la investigación social de la organización sindical, le dio una continuidad no buscada a la historia de sus padres.

La familia Castro sabía que la pareja estaba esperando un hijo, a pesar de que aún no habían llegado a conocer a Ana, mientras que los padres de ella comenzaron a buscarla sin saber que había formado pareja y estaba embarazada. Su relación quedó confirmada tres décadas después, gracias a las declaraciones de los sobrevivientes de la ESMA y a la investigación de la CONADI.

Uno siempre lucha por ser feliz. Yo tuve una linda infancia y una adolescencia promedio, no recuerdo cosas feas. Tengo que adaptarme a algo nuevo, pero toda mi vida es real, sólo que yo no conocía mis orígenes. Ahora sé quién soy.

 

LA HISTORIA DE JORGE

Era agosto de 2014 cuando Jorge supo que no era hijo de quienes hasta ese momento había conocido como sus padres. Como en muchos de los casos de criaturas apropiadas, en la confrontación con su entorno le dificultaron la llegada a la verdad. Hasta que quien había ocupado la figura de su padre le confesó cómo había llegado a sus manos. Trabajaba como médico en el Hospital General de Niños "Pedro de Elizalde" y una noche de guardia recibió a un bebé prematuro que habían traído dos hombres. Junto con su mujer decidieron quedarse con el bebé y anotarlo como hijo propio.

El 16 de octubre de ese mismo año, Jorge se acercó a la sede de Abuelas de Plaza de Mayo para comenzar la búsqueda sobre su origen y se realizó el análisis de ADN. Esperó ansioso por los resultados y cuando llegó la prueba genética, encontró la respuesta a la mayor pregunta de su vida. El 4 de diciembre el Banco Nacional de Datos Genéticos le informó que era hijo de Ana y Hugo. Tenía 37 años y se convertiría así en el nieto 116. Supo que no tenía abuelos vivos, pero sí contaba con tíos y primos. También tenía ya dos hijos pequeños a quienes de inmediato les cambió el apellido.

¿Cómo fue tu niñez?

Tuve una infancia y una adolescencia promedio, en las que no recuerdo cosas feas sino recuerdos felices.

¿Por qué decidiste averiguar si eras hijo de desaparecidos?

Como nací en 1977, cuando supe que no era hijo biológico de quienes había creído mis padres, me acerqué a Abuelas de Plaza de Mayo con mucha incertidumbre, y se confirmó que soy hijo de Hugo Castro y de Ana Rubel, dos militantes de las FAL desaparecidos durante la dictadura.

¿Cómo te sentiste en ese momento?

Estuve muy ansioso por los resultados del examen de ADN y cuando llegó la confirmación genética tuve una sensación rara. Por un lado, la satisfacción de haber encontrado la respuesta a la gran pregunta ‘¿De dónde vengo?’. Pero, además, me puso feliz que mi hallazgo, el de mi verdadero origen, haya significado una alegría colectiva: la de mi familia y la de toda la gente que esta sensibilizada con el tema.

 

COINCIDENCIAS SIGNIFICATIVAS

Jorge Castro Rubel se presenta como hijo, padre, amigo, sociólogo e investigador del CONICET, abriendo el abanico de características que constituyen su identidad. Desde 2012 ha trabajado como investigador asistente en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, abocado a la relación entre el conflicto sindical y la cultura. Comenzó en este campo dos años antes de saber que era hijo de dos militantes sindicales desaparecidos por la dictadura cívico-militar. Para su tesis doctoral en sociología se enfocó en la experiencia de organización y desarrollo sindical de los trabajadores del subterráneo de Buenos Aires entre 1994 y 2007.

Desde muy joven se interesó por la política, ya que en la casa donde se crió era un tema recurrente. Siempre sintió la necesidad de estar informado y leer los diarios. No obstante, hasta grande no dudó sobre sus orígenes. Luego, todo fue maratónico: el 4 de diciembre de 2014 recibió el llamado de Claudia Carlotto, titular de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), quien le confirmaba que era hijo de Ana y Hugo, un activista sindical de la organización político-militar FAL.

Nunca imaginé que iba a tener un nexo tan directo con mi objeto de estudio.

Ana Rubel nació el 27 de julio de 1949 en Resistencia, Chaco, y Hugo Alberto Castro el 1 de septiembre de 1951 en San Isidro, en la provincia de Buenos Aires. Se conocieron militando en el Frente Argentino de Liberación. Al "Cabezón" como lo llamaban sus compañeros, lo secuestraron el 15 de enero de 1977 tras visitar a su familia. Mientras que a Ana se la llevaron de su departamento en la ciudad de Buenos Aires uno o dos días después, embarazada de dos meses. En ambos operativos intervino el Ejército, que los retuvo en uno de los centros clandestinos de detención dependiente de esta fuerza para luego trasladarlos a la Escuela de Mecánica de la Armada. Hay testigos que relataron que el parto en el que nació Jorge ocurrió un poco antes de lo previsto, en el mes de junio.

 

LA CONSTRUCCIÓN DE MEMORIA COLECTIVA

Como parte de una de las actividades pedagógicas que propone el Programa Educación y Memoria de la Ciudad de Buenos Aires del Ministerio de Educación porteño, Jorge acompañó a los alumnos de 7° grado de la Escuela N° 17 “Francisco de Vitoria”, de Villa Crespo, a conocer el Parque de la Memoria, es un espacio que homenajea a las víctimas del Terrorismo de Estado en la Argentina. Juntos recorrieron el espacio que homenajea a las víctimas del Terrorismo de Estado en la Argentina, emplazado frente al Río de la Plata. Luego se detuvieron sobre la placa que recuerda a su madre y allí aprovechó para contarles parte de su vida.

¿Qué experimentás al recorrer este espacio?

Me afecta mucho ver los nombres de mis padres en las placas que recuerdan a las víctimas del terrorismo de Estado en la Argentina, dentro del Parque de la Memoria y me duele aún más leer la palabra 'embarazada'. Los efectos de la dictadura y de la represión siguen vigentes, las heridas siguen abiertas y los bebés siguen siendo buscados.

En diálogo con los pequeños, Jorge reconoció que todo lo relacionado con la recuperación de su identidad le llegó de manera inesperada y que, al principio, nadie le sabia explicar bien nada.

Por eso cuesta mucho entender la magnitud del tema. Es difícil procesar semejante cambio, pero me pongo feliz una vez más cuando me doy cuenta de que la adaptación a mi nueva identidad constituye una reparación al daño que ha hecho el terrorismo de Estado.

Al finalizar la jornada, el coordinador del Programa, Claudio Altamirano, conmovido por el testimonio de Jorge y por la emoción y calidez de los niños y niñas de la escuela de Villa Crespo, manifestó: Este es un día para agradecer: a las tallerista que ponen su amor y conocimiento en cada visita, a Jorge, quien brindó su testimonio, que supo poner en palabras su dolor y con cuidado hacernos partícipes de su historia, a los docentes que tan bien trabajaron con sus alumnos demostrando una vez más que dentro de la escuela se construyen experiencias valiosas, conocimientos, conceptualizaciones, pensamiento crítico, y a los chicos y chicas que con su entusiasmo y compromiso dan cuenta una vez más que la memoria es una construcción colectiva, y que estas acciones consolidan las políticas de memoria en las aulas.

 

PALABRAS FINALES

Jorge considera que la relación con sus apropiadores se tornó complicada luego de enterarse de su verdadera identidad, pero no cree que su vida antes de saber la verdad haya sido una mentira: Nadie me lo contó. Yo viví todo lo que viví. Tuve y tengo que adaptarme a algo nuevo y no es fácil, pero mi vida es real, sólo que yo no conocía mis orígenes. Ahora sé quién soy. Soy esto y mucho más.