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Juan Pablo Moyano Altamirano

Nieto restituido por las Abuelas de Plaza de Mayo

Juan Pablo nació el 26 de agosto de 1976. Es hijo de Elba Altamirano y Edgardo Moyano. Fue muy corto el tiempo que Juan Pablo pudo compartir con su papá y su mamá. El padre de Juan Pablo fue secuestrado en agosto de 1977. Su madre fue secuestrada el 14 de enero de 1978 en la localidad de Carapachay.

Juan Pablo, que en ese momento tenía poco más de un año de edad, fue literalmente arrancado de los brazos de su madre y entregado por las fuerzas de seguridad que actuaron en el operativo a una vecina de la zona. Esa familia lo entregó inmediatamente al Juzgado de Menores N° 2 de San Isidro, provincia de Buenos Aires. Este juzgado, en un procedimiento absolutamente irregular, lo dio en tenencia a una familia sin tomar ningún recaudo, razón por la cual Juan Pablo permaneció hasta 1983 en un ambiente sumamente inadecuado.

En 1983, fue localizado por Abuelas de Plaza de Mayo y el 27 de noviembre de 1984 fue restituido a su familia verdadera.

Sus padres permanecen desaparecidos. De su papá, Edgardo, pudo saberse que permaneció con vida en el centro clandestino de detención que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada hasta enero de 1978.

 

‘Hoy por hoy yo puedo realmente decir quién soy y quién quiero ser. Soy consciente de lo que quiero para mi vida, para mi hija y para mi país’. (Juan Pablo Moyano)

 

LA HISTORIA DE JUAN PABLO

Es hijo de Edgardo Moyano y Elba Altamirano y nació el 26 de agosto de 1976. Antes de cumplir el año de edad, su padre fue secuestrado y a los pocos meses, el 14 de enero de 1978, su madre es secuestrada en la vía pública. Él tenía casi un año y medio de edad cuando fue arrancado de los brazos de su madre y entregado en una casa desconocida.

Mi padre desapareció en 1977. En el caso de mi madre, la secuestraron un día en Munro mientras yo estaba en brazos de ella. Las Fuerzas Armadas, me arrancaron de sus brazos y se la llevaron. A mí me dejaron en una casa desconocida. Le golpearon la puerta a una vecina y le dijeron: ‘Le dejamos este nene, ahora lo venimos a buscar’. Pero no vinieron nunca más. Después la señora dijo que no me podía cuidar, porque yo no era su hijo. Me llevó al Juzgado N° 2 de San Isidro a cargo del Doctor Fugaretta y quedé en guarda ahí. Entonces, un día, se acercó una señora que tenía problemas con su hija porque, según ella, era una adolescente muy rebelde. Me vio que yo estaba por ahí en los pasillos del juzgado gateando y preguntó: ‘¿Y ese nene de quién es?’ Le contestaron que no era de nadie y pidió permiso para llevárselo. Fue así como sin ningún tipo de trámite ni seguimiento, esta señora me llevó a su casa y con ella estuve viviendo hasta el año ‘83, bajo una identidad cambiada, con un apellido falso, con una vida bastante precaria, con maltratos, abusos.

Su abuela Natividad, en 1981 se acercó a las Abuelas de Plaza de Mayo para hacer la denuncia y comenzar la búsqueda conjunta. Fue así como a partir de diferentes averiguaciones, llegaron a la casa donde vivía Juan Pablo. De esta forma, un día en 1983 un señor golpeó la puerta de la casa de Juan Pablo y él, con seis años de edad, le abrió sin saber que ese momento cambiaría su vida.

Un día golpean la puerta. Era un señor que vendía corbatas y me empezó a dar charla. Yo tenía seis años ¿qué corbata le iba a comprar? Y bueno, resultó ser que ese señor era mi tío. Ese fue el primer contacto que tuve con un familiar después del desastre que había pasado. Mi abuela en ese momento estaba a 20 metros viendo si era yo o no. Fueron a mi casa después de haber recibido un dato que indicaba que ahí había un chico que podía ser su nieto. A partir de ahí las Abuelas empezaron a moverse. Ellas iniciaron acciones legales y a los pocos meses vuelven a golpearme la puerta y cuando abro estaban todas las Abuelas con los medios, con Manuel, mi tío, y un montón de familiares más.

Así fue como con sus tan sólo seis años, Juan Pablo debió comenzar a trabajar con su nueva identidad y su verdadera historia.

Creo que ese primer momento fue lindo porque yo la estaba pasando muy mal afectivamente, llegando a pasar hambre, incluso. Fue bastante difícil ese tiempo. Y recibir tanto amor de golpe, me encantó. Todos me preguntaban ‘¿qué querés que te traigamos?’ y yo decía: lápices de colores, caramelos ¡Y lo traían! Igualmente, por más lindo que fuera, era raro, no entendía muy bien. Un tiempo antes, mi apropiadora me había dicho que tuviera cuidado, que no le abriera la puerta a nadie, porque andaban buscando a un chico que se llamaba Juan Pablo pero que no era yo. Yo nunca le hice caso a nadie. En el ‘83, el 21 de julio, me fui a vivir con mi abuela. ¡Volví a mi hogar! Y desde ahí en adelante empiezo a ser Juan Pablo Moyano. Pero no termina ahí la cosa porque para mi familia paterna el hecho de que mi padre haya sido militante montonero significaba que era ‘un loco desquiciado que ponía bombas’. Para ellos estaba muy mal lo que hacía mi papá... era toda una historia muy densa, muy difícil de llevar adelante. Era complicado contar qué pasó con mis padres. Lo más fácil para mi familia, para mi tía paterna en particular, era adoptarme como hijo suyo. Ahora que soy mayor puedo analizar esto como una segunda apropiación: me ponen otra mamá.

No fue fácil convivir con su verdadera historia ya que también implicaba relacionarse con nuevos silencios y ocultamientos.

Se trataba de borrar mi historia. Si bien pude recuperar mi nombre, eso fue lo único que recuperé. Mi familia siempre trató de no mirar ese costado, de no revolver… En esa época, nos convocaban desde Abuelas con juegos, la intención de Abuelas siempre fue acompañarnos y apoyarnos en todo este proceso que es reconstruir la identidad. En una de esas oportunidades, Chicha Mariani, que era la Presidenta en ese momento, llamó a mi casa para invitarme a una de estas actividades y mi abuela y mi tía le contestaron: ‘Mire, les agradecemos mucho lo que ustedes hicieron por nosotros y por Juan Pablo, pero Juan Pablo tiene que rehacer su vida y dar vuelta la página y empezar de vuelta’. Y así fue como empecé a vivir mi vida, que si bien estaba con mi familia, no tenía nada que ver con la historia de dónde yo venía.

Después de estar tantos años con una familia que no era la tuya. ¿Qué se sintió encontrar a tu familia biológica?

Yo no encuentro a mi familia, sino que mi familia me encuentra a mí. En ese momento mi primera sensación fue de alivio. Yo pasé de vivir en un lugar horrible, con una familia horrible a un lugar hermoso, con muchos mimos, muchas cosas. Fue una experiencia muy linda en ese momento. Más adelante fue bastante traumático para mí. Lleva mucho tiempo de digestión. Lleva tiempo masticarlo, procesarlo, es un trabajo bastante complicado. Es un trabajo que un nene de siete años no está en condiciones de hacer. Por eso me mentí con mi identidad y la encontré a los veintisiete, no a los siete años. Es un trabajo que lleva tiempo. Más en el caso mío que yo estuve con mi mamá y me arrancan de sus brazos. Yo tomé la teta. Son cosas que no recuerdo, pero las viví. Todo eso está en tu cabeza y desde ya, que lleva mucha terapia y mucho trabajo. Haberme vuelto a encontrar con Abuelas de Plaza de Mayo en 1996, me ayudó mucho. Hoy por hoy me sigue ayudando y sigo aprendiendo de ellas, de los abogados, del equipo de investigación, tanto política como socialmente. Es un largo proceso. Vos encontrás a tu familia, te cambiás el nombre, pero eso recién empieza. Tenés toda una trayectoria, todo un camino por recorrer. No es algo fácil. Tienen sus complicaciones. Pero lo que tiene de bueno es que es la verdad. Pasás de vivir una mentira a vivir tu realidad. Y eso es fundamental, porque es muy bueno saber de dónde venís.

¿Tu relación con tu tía siempre fue igual?

A veces recibí amor, a veces recibí demanda. Recibí amor de una persona que estaba muy enferma, que sufrió mucho. Que había perdido a dos hermanos, que no quedó bien psicológicamente. Recibí amor de una persona muy enferma que actuó en base a sus necesidades. Yo no la juzgo en absoluto, pero ha cometido muchos errores como los cometo yo hoy como padre. Ser padre es una responsabilidad muy grande y se aprende en el momento. No tenés un manual de donde aprender. Yo no digo que mi tía no me quería, sino que simplemente me costó bastante convivir con ella.

 

LOS PADRES DE JUAN PABLO Y LA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD

Elba, mamá de Juan Pablo, nació el 13 de junio de 1947 en Córdoba. Edgardo, papá de Juan Pablo, nació el 25 de enero de 1951 en la provincia de Buenos Aires. Sus compañeros de militancia la llamaban ‘La Negrita’ y a él ‘Ricardo’, ‘El Negro Ricardo’ o ‘Capricardo’.

Mi papá y mi mamá se conocieron en Ezeiza cuando volvió Perón. Y son cosas que yo me enteré de grande. Yo tuve una adolescencia complicada… tuve muchos problemas porque nunca encontré mi lugar. Tuve problemas con mi conducta. Me echaron de no sé cuántos colegios. Yo necesitaba respuestas. Más allá de saber de quién era hijo, yo necesitaba una identidad. Después de tantos problemas de conducta me dijeron un día: ‘¿por qué no te acercás a Abuelas?’ Y yo pensaba: ‘¿qué voy a hacer en Abuelas? Si yo ya recuperé mi identidad’. Doce años después me presenté y dije: ‘yo soy Juan Pablo’. Todos me recibieron con mucha alegría y cariño y ahí empecé a vincularme con ellas nuevamente y a sumarme a las actividades. A partir de ahí recién empiezo a reconocerme como Juan Pablo, hijo de Edgardo e hijo de Elba. Estuve desde los 7 años hasta los veintipico diciendo mamá a alguien que no era mi mamá. Parece mentira, ¿no? Tomé conciencia de eso y un día me senté con mi tía a conversar y a explicarle que yo la quería mucho pero que ella era mi tía y que mi mamá era Elba. Para mí era muy difícil explicar quién era. Por ejemplo: si me llevaban preso por averiguación de antecedentes y me preguntaban... nombre de la madre y le decía el nombre de mi tía porque por adopción legal era lo correcto. Pero cuando me preguntaban por el nombre de mi padre, yo les decía que no tenía padre porque mi padre era el hermano de quien yo decía que era mi madre. ¡Imagínense!

¿Qué pudiste saber sobre lo que vivieron tus padres?

Mi papá estuvo en la ESMA y mi mamá no sabemos en qué centro estuvo. No tenemos muchos datos. No tenemos ninguna información. Mi papá era estudiante de ingeniería. Quería ser ingeniero. Después se metió en la militancia y dejó los estudios. Lo que pude reconstruir es que era un tipo muy recto. Con un carisma de líder, según lo que me cuentan. Lo que pasa es que cuando alguien falta, se lo tiende a idealizar y es así como cada vez que me hablan de mi padre nadie me cuenta los defectos. Me dicen que era muy terco. Bastante cabeza dura. Sé que fue asesinado en la ESMA. Y mucha gente me ha dicho: ‘No sabés cuánta gente está viva gracias a tu viejo. Lo único que le pudieron sacar fue el nombre’.

¿Cuál era el fin de robar bebés?

Yo creo que había una intención de quedarse con todo lo del enemigo. Los enemigos éramos nosotros. Entonces, pensaban: ‘Te saco tu hijo, me lo quedo, lo educo a mi manera para que no sea subversivo’. Creo que también hay un poco de eso. No les salió muy bien, ¿no?’ Gracias a las Abuelas de Plaza de Mayo siguen apareciendo nietos y van a seguir apareciendo. La idea de ellos era un poco la de quedarse con todo. Así como se llevaban las cosas de las casas, se llevaban a los hijos. Todo. Creo que fue una especie de humillación más.

 

PALABRAS FINALES

Encontrar su identidad, su nombre, no fue razón suficiente para procesar y entender su historia. Fue necesario el paso del tiempo para adueñarse de su búsqueda e iniciar su propio recorrido. Éste es el mensaje de Juan Pablo para los jóvenes de hoy:

Hoy por hoy yo puedo decir realmente quién soy y quién quiero ser en verdad. De todas maneras me falta, me falta muchísimo. Pero hoy por hoy soy consciente de algo: soy consciente de qué quiero para mi vida, de qué quiero para mi hija de doce años, de qué quiero para mi país. Y está bueno eso, ¿no? Es importante conocer la historia de nuestros padres, la historia de la dictadura, de Latinoamérica. Nosotros somos un pedacito de la historia, de esta historia nefasta, de exclusión social, de responder a intereses que no son nuestros propios intereses. El tema de la identidad es mucho más profundo de lo que nosotros mismos podemos expresar. Mi mensaje es que tengan en cuenta que siempre vamos a tener enemigos. Siempre va a haber gente que no quiere que pensemos diferente, que no seamos quienes queremos ser. Fíjense quiénes quieren ser ustedes y defiéndanlo. Busquen una posición, infórmense.