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ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL
Premio Nobel de la Paz en 1980
Presidente del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ)

Nació el 26 de noviembre de 1931 en Buenos Aires, Argentina. Estudió Arquitectura en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de La Plata, se desempeñó como docente por veinticinco años. En 1971 comenzó a involucrarse en movimientos que luchaban por la paz y la justicia.
 

En 1973, fundó el periódico Paz y Justicia que pronto se convirtió en la cumbre del movimiento pacifista y de defensa de los Derechos Humanos en el área de influencia latinoamericana, y     el Movimiento Ecuménico Paz y Justicia con diversos grupos cristianos. Dos años más tarde, participó en la creación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.
 

A partir de 1976 se dedicó a diseñar programas de ayuda y desarrollo para comunidades de pueblos originarios latinoamericanos, movimientos obreros y otros grupos sociales en situación de vulnerabilidad en todo el mundo. Durante 1977 y 1978 estuvo preso como perseguido político por la dictadura militar del presidente de facto Rafael Videla. Durante ese período de prisión recibió el Premio Memorial de Paz Juan XXIII otorgado por la Pax Cristi Internacional.
 

En 1980 le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz por su lucha en favor de los Derechos Humanos y al poco tiempo fue designado miembro del comité ejecutivo de la Asamblea Permanente de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos.
 

Pérez Esquivel ha contribuido con numerosas misiones internacionales, como ‘Barco por la Paz a Nicaragua’, ‘Barco por la Solidaridad a Polonia’ y campañas de resolución de conflictos en Sudáfrica, Afganistán, Oriente Medio y Tíbet, entre otras. Entre sus innumerables trabajos literarios se destaca ‘Caminando Junto al Pueblo (1995)’, donde cuenta sus experiencias en la lucha por el ideal de la No-Violencia en América Latina.
 

En la actualidad, Esquivel dedica su tiempo a la Fundación Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) y al Proyecto ‘Aldea Niños para la Paz’ que asiste a numerosos menores en estado de riesgo social.

 

El pasado nos ayuda a comprender lo que han vivido anteriores generaciones y cada uno de nosotros. La Memoria no es para quedarse en el pasado, sino para iluminar el presente y reconstruir la esperanza, Adolfo Pérez Esquivel.

 

 

ADOLFO, SUS ORÍGENES Y SU FORMACIÓN
 

Pérez Esquivel proviene de una familia humilde, siendo su padre uno de los inmigrantes que llegaron a nuestro país en busca de un mejor presente. A los diez años comenzó a trabajar como diariero. Desde chico le gustaba mucho leer: por entonces llegó a sus manos la autobiografía de Gandhi, uno de los libros que ‘le cambió la vida’.
 

Yo era un pibe que comía un día y dos días no. Mi padre era un inmigrante, un pescador, que llegó aquí como tantos inmigrantes, por lo que comencé a trabajar a los diez años: vendía diarios. Cuando era chico había un librero en Plaza de Mayo a quien le compraba libros usados porque no podía comprar uno nuevo. Un día me dijo: ‘Pibe, tengo dos libros. Uno te lo regalo y el otro me lo pagás como puedas’. Y así fue, el libro que me regaló era la Autobiografía de Mahatma Gandhi, Mis experiencias con la verdad, y me marcó para siempre. El otro libro era La montaña de los siete círculos de Thomas Merton.
 

Tuvo una formación cristiana que lo llevó al trabajo social en barrios pobres, villas y también en otras comunidades de Latinoamérica. En esos años encontró a sus ‘maestros’ de la vida.
 

Tengo una formación cristiana, me formé con los franciscanos. Desde chico trabajé en parroquias y en barrios. Primero lo hice en San Telmo, donde vivía, y luego también en La Boca. Poco a poco fui tomando conciencia de lo que era la pobreza, que además yo mismo la vivía porque no me regalaron nada. De adolescente comencé a viajar a Brasil, Paraguay, Uruguay, acercándome a la realidad latinoamericana. Fue mucha la gente que me ayudó a pensar, a trabajar, a encontrar los caminos. Mis maestros fueron indígenas, campesinos, hombres y mujeres en distintas partes del mundo, y hasta el día de hoy soy un aprendiz de la vida, compartiendo con la gente, eso es lo que nos hace crecer como personas. Así uno va aprendiendo en la vida, va creciendo y va asumiendo compromisos. Desde chico lo que yo quería era ser artista –soy pintor y escultor– no quería ser un profesional, quería formar una familia, como todos. Pero uno va tomando conciencia, va avanzando y se va comprometiendo.
 

El acercamiento a la problemática de las necesidades de las comunidades originarias lo llevaron a diseñar un programa de ayuda y desarrollo para estos pueblos, en el año 1976, cuando aún poco se hablaba de los derechos y el avasallamiento que habían sufrido a lo largo de la historia.
 

Tiene que ver con mi origen. Mi abuela era una india guaraní, era una mujer de la selva, por lo tanto, era una salvaje. Ser salvaje significa ser gente de la selva. Desde chico sufrí mucha discriminación en las escuelas porque nos decían los maestros o maestras que los indios eran los vagos que no querían trabajar, que hacían malones. Pero ninguno de esos maestros decía cómo le quitaban las tierras, cómo los expulsaban, cómo los masacraban hasta el día de hoy. Entonces para mí era un desafío que se respete la vida de los pueblos originarios, su lengua, su cultura, su espiritualidad, el derecho a la tierra. ¿qué significa mapuche? ‘Mapu’ es tierra y ‘che’ es persona, ‘mapuche’ significa ‘gente de la tierra’. Nosotros hemos hecho dos congresos de las lenguas: en el primer congreso de las lenguas vinieron seiscientos cuarenta delegados de todo el continente, desde México, desde Estados Unidos –indígenas de Estados Unidos– hasta la Patagonia. Y tratamos ahí de poner en común la diversidad cultural. Somos pueblos multilingüísticos y tenemos que saber respetarnos, apreciar la profunda riqueza de otros pueblos. No despreciarla y explotarla, como lo están haciendo actualmente, es comprender el sentido profundo de la vida. Eso lo aprendí de esa mujer, mi abuela, que me enseñó a escuchar el silencio. Mi abuela nunca habló bien el castellano. Era iletrada pero era una mujer sabia, porque comprendía el sentido profundo de la vida. Uno tiene que aprender a escuchar, acercarse a la gente, educarnos no es simplemente informarnos.

 

 

ADOLFO Y SU RESISTENCIA A LA DICTADURA
 

Yo soy un sobreviviente de los vuelos de la muerte, de las cárceles y de las torturas. Pero ¡cuántos chicos y chicas desaparecieron! La lucha de las Madres, es la de todos nosotros. Luchamos porque tratamos de construir otro país. Los 30.000 desaparecidos no lucharon porque sí, lo hicieron para que tengamos un país mejor, para que no se nos mueran los niños de hambre y de enfermedades evitables. La pelea fue por un país soberano. Tampoco es que los militares enloquecieron y empezaron a matar gente: se impuso un modelo de dominación en todo el continente latinoamericano. Fue una política impuesta, una política de terror, que tenía objetivos muy claros. Se buscó imponer un proyecto político, económico y cultural, que llevaba fundamentalmente a robarle a las nuevas generaciones la esperanza de vida y sus sueños.
 

Adolfo preso entre 1977 y 1978, a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
 

Para mí fue una experiencia muy dura estar en la cárcel porque pasé por las torturas, pero también por la resistencia. En la cárcel fui un hombre libre, podían encerrar mi cuerpo, pero no podían encerrar mi espíritu, no podían encerrar mi pensamiento y mi capacidad de resistencia. Dentro de la cárcel aprendí a ser resistente frente a las injusticias. Nunca lograron dominarme y nunca lo van a lograr. Si nos dejamos dominar por los miedos, perdemos lo más fundamental del ser humano que es la condición de ser persona. Y los miedos hay que superarlos. Hay que seguir trabajando a pesar de todo.

¿Cuáles cree que fueron las causas para ser privado de su libertad?

Bueno, cuando me metieron en la cárcel estaba a disposición del Poder Ejecutivo. Nunca fui juzgado, nunca se me acusó de nada, simplemente me sacaron del medio como a tantos otros. A algunos los mataron, por eso yo soy un sobreviviente.

¿Pensó que ponía su vida en peligro?

Yo nunca quise poner en peligro mi vida, ni loco. ¡Sería suicida! No, lo que hice fue tratar de comprometerme con la causa de mi pueblo y punto. Sabíamos los riesgos que teníamos y la dificultad que estaba viviendo el país. Pero yo amo la vida. No soy un suicida.

Después de estos dos años de prisión, ¿qué cambió en usted?

Nunca somos los mismos. Después de pasar esa experiencia uno cambia en el pensamiento, en las actitudes, en los valores. Tenemos que aprender de las experiencias, las buenas y las malas, para ser mejores.

 

ADOLFO Y EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ

Mientras duró su encarcelamiento recibió, entre otras distinciones, la Memoria de Paz del Papa Juan XXIII. En 1980 recibió el Premio Nobel de la Paz por su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos en Iberoamérica. Su discurso en Oslo, donde recibió dicha distinción, no fue difundido en los medios argentinos de entonces.
 

¿Alguna vez imaginó ganar el premio Nobel de la Paz?
 

No, en absoluto. Nunca busqué ningún tipo de premio. Vino y lo acepté, lo dije en el primer momento: no lo asumía a título personal sino en nombre de todos los pueblos de América Latina, de todos aquellos que luchan y trabajan por la paz todos los días. A poco de cumplirse 30 años de ese premio sigo creyendo que es un instrumento para llevar la voz a los pueblos latinoamericanos.

 

 

ADOLFO Y LA DEMOCRACIA
 

¿Qué es para usted la Democracia?

La democracia no es sólo poner el voto en una urna. Eso es un ejercicio de la democracia pero no es la democracia. Democracia significa que no se nos mueran los chicos de hambre, que exista el derecho a la educación y salud para todos, que haya trabajo, libertad de los medios de comunicación. Los Derechos Humanos son valores indivisibles de la construcción democrática. Ellos significan poner en práctica el ejercicio de la democracia. Si se los viola, la democracia se debilita y deja de ser democracia, dejó de ser real para ser solo formal. La democracia va más allá de lo formal, es una práctica cotidiana. La democracia no se regala, es una conquista cotidiana de cada uno. Nosotros recorrimos un camino y le tenemos que pasar a ustedes la posta. Ustedes son los jóvenes que tienen que seguir construyendo con esperanza la vida de un país. En democracia el pueblo gobierna a través de sus representantes pero el problema es cuando nuestros representantes no gobiernan para el pueblo sino para sus propios intereses. La democracia debe ser participativa: si queremos que el pueblo gobierne, el pueblo tiene que participar y reclamar por sus derechos.

Para el premio Nobel, la democracia es ‘un espacio a construir’ vinculado con la recuperación de los recursos naturales, con la igualdad social y con la soberanía económica.

Y usted, ¿qué es lo que propone?

No pertenezco a ningún partido político, pero tengo claro cuáles son las alternativas. Por ejemplo, entre otras cosas, estamos reclamando, en primer lugar, que el país no pague una deuda inmoral e ilegítima. Segundo, nosotros no somos un país soberano porque no tenemos ningún control sobre los recursos. Hay que recuperar las fuentes energéticas, nacionalizar nuevamente el petróleo, el gas y la minería, impedir la destrucción de la biodiversidad del país, frenar los desmontes. Tiene que ser a través de la acción política, de la unidad del pueblo, de la conciencia social, cultural y política. Lamentablemente no lo vemos esto en los partidos políticos. Hay que cambiar esto, necesitamos una democracia participativa. ¿Por qué impiden la aplicación de la Constitución Nacional del año 1994?, ¿por qué no se convocan los plebiscitos, las consultas populares y los referéndums?

Pérez Esquivel destaca la recuperación de la soberanía de Bolivia y la reivindicación de los pueblos indígenas que lleva adelante ese país.

Evo Morales, presidente de Bolivia, un indígena aymara, está reivindicando el derecho de los pueblos originarios, está recuperando la soberanía del pueblo boliviano. Bolivia, como muchos otros países, tenía un alto índice de analfabetos y hoy la UNESCO ha declarado a Bolivia libre de analfabetismo y eso fue gracias a las campañas educativas, a las campañas de alfabetización, a un trabajo permanente. Y esperemos que en algún momento en la Argentina –que había superado el analfabetismo, pero que lamentablemente hoy tiene muchos analfabetos– podamos decir lo mismo.

También resalta el plan de gobierno de Bolivia en materia de recursos naturales.

Te voy a poner como ejemplo lo que hizo Evo Morales en Bolivia. Primero, recuperó los recursos básicos de Bolivia. Estaban en manos extranjeras y los nacionalizó. Así recuperó la estructura del país. En la Argentina, en la época menemista, que fue un desastre al igual que la dictadura, se privatizó todo y se entregaron todos los recursos a las grandes empresas trasnacionales. Si no tenemos recursos, ¿de qué soberanía hablamos? Para sacar el oro y la plata se necesitan dos productos altamente contaminantes, como el mercurio y el cianuro. La destrucción de los glaciares significa que el país va a estar contaminado porque el 60% del agua de los glaciares es lo que irriga nuestro suelo. El caso de la soja transgénica produce contaminación al país y la destrucción del sistema ecológico, de tal manera, que dentro de unos años va a ser tierra arrasada. Hoy el impenetrable en el Chaco es penetrable, se le decía así por las grandes reservas naturales que hoy no existen. ¿Cómo cambiamos esto? Con participación del pueblo, con la capacidad de resistencia social –no la resistencia de ir rompiendo cosas, cuidado con eso, destruyendo no se construye–. Hay que pensar, el gran desafío es la creatividad. La rebelión de los estudiantes del 68 en París tenía como premisa ‘La imaginación al poder’ o ‘Seamos realistas, pidamos lo imposible’. Éste es el desafío: hay que pensar, no se queden con lo que yo les estoy diciendo, investiguen, analicen, tengan ustedes conciencia crítica, no se dejen llevar de las narices ni siquiera por un premio Nobel. Se tienen que formar como hombres y mujeres libres. No se queden con las cadenas –que suelen ser las más peligrosas– del pensamiento único. Tengan pensamiento propio, analicen ustedes las cosas.

 

 

ADOLFO Y LOS DERECHOS HUMANOS
 

Los Derechos Humanos no se reducen únicamente a la Memoria y la Justicia por los desaparecidos, los torturados. Los Derechos Humanos son el derecho a que no falte un plato de comida en ningún hogar, que todos tengan educación y salud, que las familias tengan trabajo, una vivienda digna, que el pequeño y mediano productor rural e industrial tenga el lugar que le pertenece en el país.

Desde ahí podemos comprender los Derechos Humanos y de ahí tenemos también que pensar qué es lo que está pasando en nuestro país y en el resto de los países latinoamericanos. Si nos quedamos únicamente hablando de la dictadura estamos equivocados, porque todo lo que pasó durante las dictaduras tiene hoy sus consecuencias: el aumento del analfabetismo, del hambre, de la pobreza, el cierre de fuentes de trabajo. Los Derechos Humanos tenemos que verlos en su integridad, no verlos únicamente para atrás: hay que ver las consecuencias del pasado en el presente.

¿Y usted qué siente cuando ve a un niño al que le vulneran los derechos?

Trato de recurrir a las autoridades, a las organizaciones que realmente puedan resolver esos problemas. Uno solo no puede hacer las cosas, por eso trabajamos con organizaciones, tratamos de reclamar el derecho de los chicos y ver de qué manera ayudarlos. Un tema con el cual a veces tengo serias discusiones con los gobernantes, es que quieren bajar la edad de imputabilidad   de los chicos a los catorce años para mandarlos a las cárceles. Nosotros visitamos las cárceles, son depósitos humanos. Hemos entregado el informe en la Provincia de Buenos Aires sobre los institutos de menores y cárceles, y es un informe muy duro. Soy el presidente de la Comisión Provincial por la Memoria, que tiene jurisdicción en la provincia de Buenos Aires, pero el problema de las cárceles es tremendo a nivel nacional. Habría que preguntar a los diputados y senadores que adscriben a este proyecto si alguien de todos ellos se acercó a ese chico de la calle y le preguntó por su seguridad. Todos queremos seguridad, pero esto no se soluciona con penalizar a los jóvenes sino con políticas sociales, con orientación, con educación, con asistencia psicológica y médica. Nosotros trabajamos las 24 horas del día con esos chicos, tenemos programas sociales, tenemos guardia las 24 horas. Algunos de los programas son con el Gobierno de la Ciudad y otros con la Provincia de Buenos Aires, y hacemos un seguimiento del accionar de jueces, de policías, del tratamiento que se les da a los chicos en las cárceles, el mal llamado ‘Instituto de Menores’. Éste es, entonces, un largo recorrido, llevamos más de treinta años de trabajo.

¿Qué consejo le daría al gobierno para poder estar más atentos a las necesidades de los niños?

Venimos trabajando con algunas áreas del gobierno. Creo que hay programas en el país que atienden la minoridad pero no son suficientes. A veces cuando me reúno con los ministros veo que falta presupuesto, tal vez habría que profundizar mejor la tarea en los programas de orientación.

 

 

ADOLFO, EDUCACIÓN Y MEMORIA
 

Pérez Esquivel es educador y encuentra en la escuela y en el trabajo en las comunidades un espacio vital para ‘construir nuestra memoria compartida’.
 

La memoria no es para quedarse en el pasado. La memoria nos ilumina el presente. Porque     es a través del presente donde podemos generar la vida, el pensamiento, conductas, valores. Siempre la vida de los pueblos transita entre la angustia y la esperanza. Para poder construir la memoria tenemos que tener un sentido profundo de la esperanza porque es lo único que nos da la fuerza de poder construir una nueva sociedad. No hay pueblo sin memoria. Los pueblos sin memoria desaparecen. No hay persona sin memoria. Cada persona tiene una memoria personal y una memoria compartida. Prefiero plantear las cosas desde la memoria compartida como lo es la educación. Por eso, es tan importante trabajar sobre la memoria en las escuelas, en las universidades, comenzar a ver nuestra historia desde la memoria compartida. Muchas veces, en las escuelas se enseña –yo llevo más de cuarenta años de docente– la historia como una cosa del pasado. A nuestros llamados héroes, se les pone en un bronce y se los lustra y nunca se los ve como una persona con sus conflictos y sus vivencias. Esta enseñanza fue nefasta, fue mostrarnos una irrealidad. Por ello es muy importante la memoria: abrir estos espacios en los ámbitos educativos, en la formación docente, porque una participación activa en el proceso de enseñanza permite tener conciencia de ella. Paulo Freire sostenía, en cuanto a la interrelación del educador-educando, que nos debíamos educar juntos porque si no es una educación autoritaria, una educación impuesta que no es educación. Recuerdo que una vez hablando con mi amigo José Saramago, en un encuentro que tuvimos en la Universidad Politécnica de Barcelona, dijo: ‘la escuela no educa’ y se armó un gran debate. Considero que la escuela informa, la escuela instruye pero quien educa es la familia y la comunidad. Son éstas las esferas en las que se establece un contacto directo, aunque muchas veces los padres derivan en la escuela todo. ¿Cuál es la participación del padre en la educación? ¿Se educa en la casa únicamente? La educación está en la comunidad. Desde ahí podemos recrear una educación liberadora, una educación con conciencia crítica y en esto la memoria es fundamental. Es la única forma en la que podemos construir otro país: un país soberano, libre, con dignidad, donde no se mueran los niños de hambre, en el que no haya desempleados…

¿Usted como docente, cómo es su relación, su comunicación, su trato con ellos?

Voy a dar un ejemplo práctico: en esta habitación cerramos la puerta y si alguien tiene que entrar tengo que abrirle la puerta. Ahora ¿para qué abrir la puerta? El problema es para qué le abro la puerta. También puedo abrir la puerta y volverla a cerrar y no hay comunicación, no hay diálogo. Muchas veces me encuentro con los chicos, inclusive en la Universidad, y tenés que despertarle el interés ¿cómo lo hacemos? A través de la palabra. La palabra es energía. Con una palabra podemos amar, con una palabra podemos destruir. La comunicación muchas veces está en la mirada, el poder oír, escuchar, podemos ver sin mirar, y podemos oír sin escuchar. Entonces, abrimos esa posibilidad de intercomunicación. Yo aprendo muchísimo con los chicos en la facultad, tengo un método que lo voy a compartir con ustedes. Por ejemplo, en las clases de la facultad, en cursos de 280 alumnos, de los cuales unos 30 son extranjeros, vamos a hablar de la memoria, de Derechos Humanos, de la cultura de la paz. Pero ¿cómo podemos hablar de los derechos humanos si entre ellos no se conocen o no se miran? Lo primero que tenemos que hacer es tratar de comunicarnos, de conocernos. Decir nuestros nombres porque cuando decís tu nombre, se te reconoce como una persona. ¡Qué simple! ¿Cómo nos comunicamos con los jóvenes? ¿Cuál es la relación que establecemos? ¿Estamos allá en el podio y miramos para abajo y el que está abajo mira para arriba o nos ponemos en condiciones igualitarias? No es que uno se va a transformar en el chico porque son experiencias distintas de vida, son saberes distintos pero el chico tiene saberes. Entonces, aprendemos uno de otro.

¿Cómo se aprende y cómo se transmite la Memoria?

Nosotros somos trasmisores de la memoria. En este momento somos sobrevivientes pero en algún momento nosotros vamos a pasar la posta. En los pueblos originarios hay una transmisión de la palabra y yo creo que esto es importante, no sólo la escritura. Es muy importante el registro de la palabra y de la imagen. Muchas veces la historia la escriben los dominadores. Entonces hay que tratar de escribir la historia a través de las voces de los pueblos, esto que están haciendo, de recoger los testimonios, de encontrarse con realidades durísimas ¿para qué nos sirve? Para saber dónde estamos parados hoy, qué país queremos, hacia dónde vamos, cuál es ese camino de esperanza a construir porque si no, nos quedamos en el camino de la angustia existencial.

¿Qué se lleva usted del intercambio en las escuelas?

Uno siempre se lleva cosas en la mente y en el corazón. La mirada de los chicos, la atención, el bombardeo de preguntas que comienzan a surgir en ellos, una serie de inquietudes. Los chicos en su corta edad ya tienen vivencias, buenas y de las otras, por eso para mí es importante de qué manera hacen catarsis o se comunican. Yo creo que todo esto es valioso, tenemos algo que compartir y algo que recibir. Yo siempre aprendo de los grupos humanos, cuando voy a las comunidades indígenas, es increíble las cosas que aprendo: a celebrar la tierra, la Pachamama es el altar y ahí celebramos, se bendicen las semillas para plantar, son estas cosas que parecen tan simples pero tienen un sentido cósmico, profundo. Yo creo que hay que recuperar eso en la educación, el sentido profundo de la comunicación con la madre tierra, con la semilla, con el trato que le damos al agua, al hermano árbol, no castigar al animal. Y cómo nos comunicamos. Ésta es la educación, no es sólo el conocimiento. Es decir, vos tenés la semilla y la ponés en tierra.fértil pero no la podés forzar porque se muere. Tiene su tiempo, como todo chico que también tiene su propio tiempo. Y no todas germinan al mismo tiempo. Esa semilla tiene que ser regada adecuadamente. No hay que ponerle demasiada agua porque la ahogás y tampoco dejarla sin agua porque la secás, esto es la atención cotidiana en la educación para que esa semilla germine, se fortalezca, crezca y dé frutos. Esa es la educación…

 

 

ADOLFO, ACTUALIDAD Y FUTURO
 

En la actualidad, Pérez Esquivel continúa con un intenso trabajo social desde el SERPAJ, tanto en el país como en toda Latinoamérica. También promueve el proyecto Aldeas de Jóvenes. Mientras que en materia ambiental, se encuentra abocado al diseño de una campaña internacional para conformar un Tribunal Penal Internacional sobre el ambiente.
 

Represento al Servicio de Paz y Justicia en América Latina. Empezamos nuestro trabajo en 1960 desde México y actualmente, estamos en 15 países de América Latina con distintos programas con las comunidades indígenas. En Argentina, tenemos dos aldeas de jóvenes para la paz, una en General Rodríguez y otra en Pilar. También trabajamos con los chicos mal llamados ‘de la calle’, víctimas de violencia, del paco, de la prostitución, de la persecución, haciendo un trabajo de acompañamiento y de búsqueda de soluciones. Los problemas de contaminación son gravísimos en el mundo, entonces demanda un trabajo organizado a nivel mundial. Con la academia de Ciencias del Ambiente de Venecia vamos a lanzar una campaña internacional para la constitución del Tribunal Penal sobre el Ambiente. Por otro lado, acabamos de publicar todos los trabajos del rol de las Fuerzas Armadas en la construcción democrática, en forma conjunta con dichas fuerzas y con la Policía Federal para que sus integrantes cambien de mentalidad y estén al servicio del pueblo y no terminen siendo tropas de ocupación de su mismo pueblo. Si no hay un cambio en este sentido no podemos construir un país. Por ejemplo, en un encuentro sobre la Memoria, en Puerto Belgrano, hablando con los almirantes, en un momento me dicen: ‘Mire Esquivel, cuando pasó todo esto nosotros éramos chicos, teníamos dieciséis o diecisiete años. Sabemos que como integrantes de la Marina tenemos que llevar una mochila muy pesada que nosotros no la cargamos, pero como institución tenemos que asumirla’. Y eso fue muy importante, porque yo les contesté: ‘Miren, no podemos construir un proyecto de país si las fuerzas están ausentes, pero unas fuerzas que estén al servicio del pueblo y no como tropas de ocupación de su propio pueblo’. En lo personal, estoy trabajando con problemas de África y Asia. Estuve en Irak doce días después de los bombardeos de Estados Unidos y Gran Bretaña sobre la Ciudad de Bagdad, hice 3 mil kilómetros de desierto desde Jordania a Bagdad.

¿Qué lo lleva a seguir trabajando en la defensa de Derechos Humanos?

Un compromiso de vida y una necesidad porque si no hacemos nada y únicamente criticamos sin construir, no avanzamos. Muchas veces viajo por distintas partes del mundo. Recuerdo a   mi amigo Leónidas Proaño, un obispo del Ecuador (lo llamaban el obispo de los indios porque estaba mucho en las comunidades indígenas) que falleció hace varios años. Él nos enseñaba un método para alfabetizar a las comunidades: ‘juntos somos una fuerza, juntos podemos levantar esto, pero si tengo que hacer un esfuerzo mayor, necesito pedirle a cada uno de ustedes que sume su mano a la mía. Si tenemos esta capacidad de unirnos, esto tiene un nombre que es fundamental: solidaridad. Juntos podemos construir, juntos podemos crear, juntos podemos pensar, comencemos a pensar juntos’. La educación debe ser la práctica de la libertad.

¿Alguna vez van a darle la oportunidad de jubilarse?

¿De jubilarme? Sí, cuando tenga 250 años me voy a jubilar.

 

 

PALABRAS FINALES
 

Adolfo transmite en cada palabra y en cada gesto sus ideas sobre la libertad y el camino que nos acerca a ella. Este relato es un ejemplo de su sabiduría:

 

Les quiero dejar un cuento: una maestra que luchaba por la libertad fue presa. Tenía una hija de 8 años que estaba esperando poder ir a visitar a la cárcel a su madre y le hizo un dibujo. Eran pájaros y la niña feliz fue con eso. Cuando el guardia en la cárcel vio el dibujo dijo: ‘No, los pájaros no pueden entrar, los pájaros son libres y los prisioneros no pueden pensar en la libertad’. Entonces le rompió el dibujo y la niña quedó muy dolorida. La niña esperó ansiosamente visitar nuevamente a su madre y no le hizo un dibujo con pájaros, le hizo un dibujo de árboles, de varios árboles y el guardia cuando vio el dibujo dijo. ‘SÍ, los árboles pueden entrar, porque los árboles siempre están en el mismo sitio, en la tierra y no se pueden escapar’. Entonces la nena contenta le entregó el dibujo a la madre y     le dijo, ‘mamá te traje un dibujo de árboles’. La madre le dijo ‘¡Gracias hija, es muy hermoso! ¿Y estos pequeños frutitos de todos los colores en el árbol qué frutas son?’ Y la nena le dijo ‘Ssshh, mamá, no hables fuerte porque puede escuchar la guardia. Esos no son frutitos, son los ojos de los pájaros escondidos en el follaje de los árboles’.
 

De ‘Pájaros prohibidos’, Eduardo Galeano.