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SCHEJENE MARÍA (SARA) LASKIER DE RUS
Madre de Plaza de Mayo - Línea Fundadora

Schejene María Laskier de Rus, conocida como Sara Rus, nació en 1927 en la ciudad de Lodz, Polonia. A los doce años sufrió la violencia del nacismo siendo trasladada con su familia al gueto de Lodz. Más tarde sufrió condiciones de vida infrahumana en el campo de concentración de Auschwitz y por último fue llevada a Mauthausen, lugar donde fue liberada. Cuando finalizó la guerra, Sara y su esposo Bernardo, sobrevivientes de los campos de concentración, emigran a la Argentina con la ilusión de iniciar una nueva vida y construir una familia.

Sara logró tener dos hijos, superando las dificultades orgánicas consecuencia de un cuerpo deteriorado por su prolongado paso por los campos de concentración. Fue así como el 24 de julio de 1950 nació Daniel y cinco años más tarde, Natalia.

En 1977, una vez más, Sara fue víctima de la violencia del Terrorismo de Estado: el 15 de julio su hijo Daniel fue secuestrado en la Comisión Nacional de Energía Atómica, donde desarrollaba tareas de investigación científica. A partir de ese momento, Sara inicia su búsqueda realizando innumerables gestiones a nivel nacional e internacional.

Hoy, Sara es miembro de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora y de la Asociación Sobrevivientes de la Persecución Nazi, encarnando su doble condición de sobreviviente del genocidio nazi y víctima de la última dictadura cívico-militar en Argentina. Es un ejemplo por su persistencia en la búsqueda por la Verdad y la Justicia, que, a pesar del dolor vivido, lleva un mensaje esperanzador: ‘En todas las experiencias que les cuento a los jóvenes, desde cómo fue mi vida en Polonia, la terrible vivencia de la guerra, hasta la pérdida de mi hijo desaparecido en el año 77, lo que principalmente quiero legarles es un mensaje de amor’.

 

Yo lucho por no olvidar. Lucho por la Memoria. Para que jamás los nazis, los de allá y los de aquí, tengan la fuerza que han tenido. La memoria es lo más importante. Si no tenemos memoria las cosas vuelven a pasar, Sara Rus

 

LA HISTORIA DE SARA

Sara ha sido víctima y sobreviviente de una doble situación de persecución y violación a los Derechos Humanos. Primero, en su país natal, fue llevada junto a su familia a Auschwitz, luego de permanecer en el ghetto de Lodz, donde vivió en condiciones infrahumanas. Muchos años más tarde, aquí en Argentina, fue víctima del Terrorismo de Estado, sufriendo la desaparición de su hijo Daniel durante la última dictadura cívico-militar.

Luego de sobrevivir a los campos de concentración y ser liberada en Mauthausen, decidió radicarse en nuestro país, en búsqueda de un futuro mejor, sin persecuciones.

Con mi marido nos conocimos en el ghetto. Yo era una niña de trece o catorce años que se enamoró de un hombre de veintiséis años. Me encontré después de la guerra con él, vinimos     a Argentina y pudimos formar una familia. Eso fue lo que más soñábamos nosotros. Debido al hambre y a las consecuencias de los campos de concentración, mi cuerpo había quedado muy dañado y me habían diagnosticado, en un principio, que no podría tener hijos. Pero, a pesar de lo que me decían, pude tener un hijo y una hija: Daniel y Natalia. Gracias a Dios, más tarde tuve dos nietas.

Llegar a la Argentina no fue tarea fácil. Sara junto a su madre y su esposo Bernardo debieron atravesar un camino sinuoso hasta poder establecerse en la ciudad.

Oficialmente, no podíamos entrar a la Argentina. Teníamos que pasar ilegalmente con un barquito, juntar un poco de plata para darle a una persona que nos cruzara la frontera. Éramos diez. Nos llevaron a Clorinda, Pcia. de Formosa. Nadie hablaba castellano. Y el señor con el que habíamos arreglado se fue. Nos dejó solos, de noche, con lluvia. Hasta que vino un policía a caballo con un rifle. Sentó a mi madre arriba del caballo y a mí me dio el rifle. Nos llevó a su casa a los diez, con su mujer y no sé cuántos chicos. Allí nos dieron de comer. Pero al otro día nos llevaron en micros a Formosa y nos metieron en la cárcel. En la cárcel había más de cien personas. Después dividieron el grupo, algunos fuimos al templo y otros a casas particulares. Preguntábamos cómo podíamos hacer para ir a Buenos Aires. Nos decían que nos iban a mandar de vuelta a Paraguay. Sabíamos que existía Eva Perón y que ella hacía mucho por la gente, por lo que mi marido se atrevió a mandar una carta en polaco a Eva Perón. Ahí le contó nuestra historia. Por suerte le llegó y la hizo traducir. Después, nos mandó a decir que no nos asustemos y que nos iban a mandar pases para ir a Buenos Aires. Efectivamente, después de un tiempo nos mandaron los pases a todos los que estábamos allá. Y nos vinimos a Buenos Aires.

Al llegar a Buenos Aires, debieron empezar de nuevo. Bernardo comenzó a trabajar como anudador textil. Con esta nueva vida querían llegar a ser padres, por lo que Sara, consultó a un médico para ver si tenía posibilidades. Allí le dieron esperanzas. Su cuerpo había sufrido mucho, pero podía llegar a reponerse. Tuvieron dos hijos. Daniel nació el 24 de julio de 1950 y Natalia en 1955.

Tener a Daniel fue complicado porque mi cuerpo estaba deteriorado. Pero resistí. Era un chico hermoso y desde chiquito fue brillante en el colegio. Se recibió de lo que él quería. Fue físico nuclear. Hasta el año 1976 estuvo conmigo. Fue un hijo muy esperado por mí, después de unas vivencias que tuvimos a través del Holocausto tan terrible, poder llegar a tener un hijo y una hija, fue increíble. Y mi yerno, mi hija y mis nietas están totalmente identificados con mi dolor, saben lo que me pasó a mí en los campos de concentración, jamás escondí mis vivencias.

Daniel fue secuestrado el 15 de julio de 1977, a las 14:30 hs. Salía de su trabajo en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) cuando fue detenido. Lo subieron a una camioneta y nunca más se supo algo de él. Hasta el momento no hay testimonios fehacientes del paradero de Daniel luego del secuestro.

Fue un día como todos los días, un viernes y había prometido al padre que venía a las 12 del mediodía para hacerle algunas tramitaciones. Pero ese día no volvió a casa. Ahí nos pusimos atentos. Llamé a mi yerno y a mi hija. Les dije que había pasado algo porque Daniel no volvía a casa. Teníamos antecedentes de un amigo que había desaparecido una semana anterior también de la Comisión Atómica. Estábamos dando parte a los hospitales porque uno no sabía lo que pasaba, y empezamos a averiguar. Ahí nos enteramos que ese mismo día habían llevado a varias personas de la Comisión de Energía Atómica.

En total, fueron detenidos-desaparecidos veinte científicos de la CNEA. Ese mismo día, sus colegas Gerardo Strejilevich y Nélida Barroca también fueron desaparecidos.

 

EL RECUERDO DE DANIEL

Sara recuerda a su hijo como un muchacho muy alegre y cariñoso. Recuerda que desde niño fue muy inteligente y ya de pequeño mostraba su pasión por la Física y la Matemática.

¿Cómo era Daniel?

Era una persona alegre, inteligente, cariñosa. Le gustaba estar con amigos. Siempre dispuesto a ayudar a sus compañeros en las tareas del colegio. Sus materias preferidas eran Física y Matemática. A los doce años presentó una clase en su colegio primario del átomo y ciencias atómicas que es algo insólito para un nene de esa edad. Luego de la clase, el director me escribió una nota que decía: ‘Después de dar una clase a los alumnos de sexto y séptimo grado dio una clase a todos los maestros. Presente, el director’. Justamente lo menciono porque siguió su carrera hasta el último momento con ese afán de ser un físico nuclear. ¿A qué le gustaba jugar?

Mi hijo de chico era muy compañero de sus amigos y siempre tenía la casa llena de amiguitos para darles una ayuda para el colegio, en matemáticas mayormente. Era un muchacho alegre, era aficionado y amante de Boca de chiquitito y le interesaba mucho escuchar y homenajear a su cuadro favorito. Y de muy chico ya estaba distinguido por los maestros como mejor alumno y mejor compañero del primario. También le gustaba jugar con coches, robots, juegos de armar. En su tiempo libre jugaba al fútbol con los amigos del barrio.

¿Cuál era su comida preferida?

Milanesa con papas fritas. De todos modos, mi hijo se adaptaba a cualquier comida, le gustaba la casa y estar con su hermana. Quería mucho a su familia, y con la comida la verdad jamás tuve problemas, todo le gustaba, así que era un muchacho de mucho corazón y todo aceptó con mucho amor.

¿Qué música o cantante escuchaba?

La verdad que en mi casa se escuchaba mucha música clásica, y él la compartía con nosotros. En particular le gustaba el rock y era fanático de The Beatles.

¿Estaba enamorado?

Mi hijo era un muchacho muy bonito y todas las chicas se enamoraban de él. Siempre me decía ‘no, mami, todavía no tengo tiempo para eso, todavía soy joven, no me interesa’, pero justo antes de desaparecer conoció a una jovencita y se puso de novio, y desgraciadamente no pudieron llegar a nada. Se llama Estela.

¿Cuál fue el mejor momento que pasó con su hijo? ¿Cuál fue el mejor regalo que él le hizo?

El momento más emotivo que pasamos juntos fue cuando en 6to grado, el maestro Johns le dio un premio por mejor alumno y mejor compañero. Mientras presentaban este premio, Daniel no sabía que el destinatario sería finalmente él. El regalo que más recuerdo es una hermosa planta que nos regaló a mi marido y a mí por nuestro aniversario.

 

LA BÚSQUEDA DE SARA

Daniel se dedicaba con mucha pasión a la investigación del efecto de la energía atómica en los materiales. Un dato llamativo luego del secuestro de Daniel es que tres días después de haber desaparecido, Sara recibe la notificación de que había sido despedido de la CNEA. Esto muestra la complicidad de las autoridades de esta Comisión quienes conocían de antemano lo que estaba pasando.

Mi hijo fue llevado saliendo de la Comisión de Energía Atómica. Después de mucho tiempo, nos han informado que en ese momento apareció una camioneta como de lavandería y bajó gente uniformada y lo llevaron. Después de esas averiguaciones, empezó la marcha por los lugares de Derechos Humanos, por el Ministerio del Interior, empezamos a mandar cartas a donde podíamos, mandamos al mismo presidente de la Nación, tengo respuestas directas del presidente, mandé incluso una carta al mismísimo Papa Juan Pablo II (también polaco), y me respondió que estaba haciendo todo lo posible por encontrar a mi hijo. Todas las madres obteníamos las mismas respuestas en los mismos lugares: que están sorprendidos, que no lo encuentran, que no lo pueden ubicar. Con cinismo, era increíble escuchar que nadie sabía nada ni tenía ninguna responsabilidad. La cuestión es que hasta hoy en día jamás tuvimos una contestación positiva sobre dónde lo llevaron. Nos han dicho que lo llevó la Marina, pero eso es todo.

Además Sara, en su condición de sobreviviente de Auschwitz, se presentó en la Embajada de Israel reclamando su atención y ayuda en la búsqueda. Finalmente, se unió a otras madres que como ella buscaban a sus hijos y familiares.

Creo haber cumplido un rol importante en Madres. Tenía amigas que se dejaron estar totalmente. Ya no les interesó la vida. Yo intentaba hablar con ellas y su familia, y les contaba mi historia. Les decía: ‘Mirá, si yo sigo viva después del Holocausto y después de haber perdido a mi hijo, entonces se puede seguir luchando’.

Sara forma parte de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, donde junto a otras madres continúa en la búsqueda de sus hijos. Recuerda que su lucha fue muy dura, fueron muchos años sin encontrar noticias de sus hijos, lo cual afectó a muchas de ellas en lo más profundo. Sara es una mujer muy optimista. A pesar de haber sufrido el Holocausto y la pérdida de un hijo, sigue creyendo en la vida.

Yo creo que esto –refiriéndose a su lucha en Madres– es lo que Daniel hubiese querido. No sé de qué manera lo mataron y torturaron. En el momento en que me llevaron a mi hijo mi madre, que estuvo conmigo mucho tiempo, dejó casi de hablar. No le interesó más la vida. Murió con su dolor.

Yo lucho por no olvidar. Lucho por la Memoria. Para que jamás los nazis, los de allá y los de aquí, tengan la fuerza que han tenido. La memoria es lo más importante. Si no tenemos memoria   las cosas vuelven a pasar. Mi madre me decía, cuando estábamos en Alemania, ‘vas a ver que todavía vamos a tener un pan sobre la mesa’ y yo pensaba ‘¿en qué mesa?’. Si no teníamos mesa. Yo digo que la vida es linda porque si pasó todo eso y tengo una mesa y puedo recibir visitas, puedo servir y estar rodeada de amor... qué más se puede pretender. La vida es hermosa, si uno no quiere vivir es fácil morirse.

 

EL LEGADO DE SARA

Sara tiene como objetivo personal, para reponerse de tanto dolor y construir Memoria, hacer público su relato.

Cuando me preguntan de dónde saco tanta fuerza, hay una sola respuesta: los chicos. Los jóvenes a quienes van dirigidas mis experiencias, mis pensamientos, mis reflexiones. Ese contacto con ellos es el que me da fuerza para seguir adelante. Yo tengo mis recuerdos bien adentro. Y todavía puedo pensar, puedo contar. Y mientras pueda contar, lo voy a seguir haciendo.

Yo me propuse hablar y justamente el testimonio mío lo transmito para influir en los más jóvenes, para que sepan una verdad que muchos niegan. Cuando uno sufrió en su propio cuerpo tantas humillaciones y pudo salir de eso debe contarlo. Sólo así se les puede dar a los más jóvenes la fuerza necesaria para que estas cosas no se vuelvan a repetir jamás.

Sara ha participado, con mucho entusiasmo, de las actividades que el Programa Educación y Memoria realizó en las escuelas de la ciudad. Recuerda las mismas como una oportunidad de dejar ‘un mensaje de amor’.

En todas las experiencias que les cuento a los chicos, desde cómo fue mi vida en Polonia, la terrible vivencia que tuve que pasar en la guerra, hasta la pérdida de mi hijo desaparecido en el año 77, en todos esos momentos lo que principalmente quiero legarles es un mensaje de amor. Creo que ellos también lo entienden así; se nota cuando me miran y a través de las preguntas que hacen.

Ver sus caras escuchando mi relato con tanto interés y tanto sentimiento me restituye la confianza en el futuro. Es importante para mí poder transmitirles mi deseo de justicia y memoria para que los horrores tanto de la masacre nazi como del terrorismo de Estado en la Argentina nunca se olviden.

 

PALABRAS FINALES

Sara siempre se despide de los encuentros con los estudiantes con una sonrisa, destacando el rol que los jóvenes toman en esta lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Lo que les pedimos a los jóvenes es que sigan nuestros pasos en la lucha por reivindicar los Derechos Humanos. Las heridas permanecen abiertas en tanto y en cuanto no se haga justicia. Por eso, mi deseo es que ellos sigan luchando con el compromiso y la apuesta por un mundo mejor, más justo y solidario con el otro.