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Tatiana Ruarte Britos Sfiligoy

Nieta restituida por las Abuelas de Plaza de Mayo

Tatiana nació el 11 de julio de 1973. Es hija de Mirta Graciela Britos y Oscar Ruarte. En agosto de 1977 su padre fue detenido-desaparecido en la ciudad de Córdoba. Dos meses más tarde, en octubre de 1977, su madre fue secuestrada, quedando Tatiana y su hermana bebé de dos meses de edad, solas en una plaza de Villa Ballester, provincia de Buenos Aires).

De allí fueron llevadas por personal de la policía a un orfanato, donde ingresaron separadas. Gracias a la intervención de una empleada que conocía que las niñas eran hermanas, pudieron ser adoptadas por la misma familia, el matrimonio Sfiligoy.

En 1980 las niñas fueron localizadas por las Abuelas de Plaza de Mayo siendo las primeras nietas restituidas. El matrimonio Sfiligoy colaboró desde un primer momento con los familiares de las niñas y las Abuelas para esclarecer la identidad suprimida. A partir de ese momento, Tatiana y su hermana permanecieron con sus padres adoptivos con un permanente contacto con sus familias biológicas.

Al alcanzar la mayoría de edad, Tatiana eligió continuar utilizando su apellido de adopción. Actualmente, Tatiana es psicóloga y colabora intensamente con las Abuelas. En el año 2007, el programa Televisión por la Identidad, transmitido masivamente, dedicó el primero de sus tres capítulos a narrar su historia.

Mirta Britos y Oscar Ruarte, sus padres, aún permanecen desaparecidos.

‘Si me caigo, me levanto. Es mi forma de ser. Por suerte todo el tiempo pienso que si me pasó algo malo es por algo, con eso aprendo y así puedo sacar lo positivo de toda situación”, Tatiana Ruarte Britos

 

LA HISTORIA DE TATIANA

Tatiana Ruarte Britos es su nombre de nacimiento. Es hija de Mirta Graciela Britos y Oscar Ruarte. Nació el 11 de julio de 1973. Como consecuencia de la trágica dictadura cívico-militar que se inició en Argentina en el año 1976, Tatiana perdió primero a su padre y luego a su madre que fue secuestrada en octubre de 1977. Tatiana quedó sola junto a su hermana bebé en una plaza de Villa Ballester, en el momento del secuestro de su madre. Tatiana hoy es Tatiana Sfiligoy, con su apellido adoptivo. Ella y su hermana son las primeras nietas recuperadas por las Abuelas de Plaza de Mayo, en 1980. Así presenta su historia:

Cuando la secuestraron a mi mamá yo no entendía muy bien qué pasaba, sabía que era una situación rara. Porque estábamos en la calle yendo para mi casa –me pasa todo como una película– y llegando a la puerta mi mamá se da cuenta de que había un operativo, que habían entrado a mi casa. Entonces seguimos de largo y nos vamos a la plaza. Ahí en la plaza se da cuenta de que la siguen y ella empieza a despedirse de nosotras, empieza a saludarnos, a abrazarnos. Me dijo ‘Cuidála mucho a tu hermana’, frase que a mí me quedó como grabada a fuego.

Fue así como con apenas cuatro años, Tatiana vivió el secuestro de su madre, quedándose sola en una plaza con su hermana de dos meses de edad.

Y después de ese momento, mi mamá salió caminando casi corriendo, escapándose para que no la agarraran adelante nuestro. Yo no entendía la situación, en ese momento no la entendí. Con los años y con el tiempo me fui dando cuenta de que se trataba de haber vivido el secuestro de mi madre. Y después, a partir de los doce años, empecé a comprender más la cuestión política. Qué eran los desaparecidos, quiénes habían sido. Porque yo crecí en época de la dictadura y en la primaria no se hablaba de todo esto. No había charlas y estaba mal visto decir que uno era hijo de desaparecidos, se pensaba ‘bueno, entonces algo habrán hecho tus padres para que los hayan detenido’. Por suerte esa situación se revirtió, podemos estar acá presentes y decirlo con orgullo.

Luego del secuestro de su madre fueron llevadas a un juzgado donde fueron puestas en adopción y adoptadas ambas hermanas por el matrimonio Sfiligoy. Tatiana relata que fue una mujer que trabajaba en un Juzgado de Menores quien facilitó que las dos hermanas permanecieran juntas.

No la conozco personalmente, me gustaría conocerla. Sé que fue alguien del juzgado, que supongo sería una trabajadora social. Ella fue la que, supuestamente, con su ‘fallido’ le dijo a mi mamá adoptiva que la bebé que estaba por adoptar tenía una hermana más grande que era yo. Y a partir de ahí esta familia decidió adoptarnos a las dos. Porque si no, el destino de cada una hubiera sido diferente, a mí me hubieran dado a una familia y a mi hermana a otra, y ninguna de las dos nos hubiéramos encontrado, posiblemente nunca. Ése era el plan sistemático también. En donde hubo un secuestro, una desaparición, a las chicas y los chicos que quedaban, los separaban, los mandaban a diferentes familias. No es el único caso de ese tipo.

La intervención de esta mujer anónima fue decisiva en el destino de estas niñas y permitió que Tatiana pudiera cumplir con el pedido de su madre: cuidar mucho de ella.

Yo creo que esta mujer es alguien que no quiso tapar de dónde veníamos, ni a qué familia íbamos a parar. Fue gracias a ella que mis padres adoptivos pudieron adoptarnos a las dos y, de alguna manera, quedó asentada en el juzgado mucha información que generalmente se borraba del expediente. Pero fue como una hormiguita dentro de todo un sistema que se fisuró y por suerte esa información llegó a mis padres adoptivos para que estemos las dos juntas.

Tatiana conservó el nombre que sus padres biológicos le pusieron y tomó el apellido de sus padres adoptivos como una forma de agradecimiento por haber cuidado de ellas y nunca haberles ocultado su identidad. Tatiana hoy elige llamarse Tatiana Sfiligoy.

Tatiana es el nombre que me pusieron mis padres desaparecidos y es el nombre que siempre conservé. No me lo cambiaron nunca, primero porque cuando me adoptan yo ya sabía hablar, por lo que el nombre era difícil que me lo sacaran porque iba a patalear si no. Ese fue mi nombre siempre, pero lo que sí cambió es la posibilidad de que yo lleve el otro apellido. Porque como fue una adopción legal, yo podía elegir a partir de los 18 años cambiarme el apellido y ponerme el apellido de mi familia biológica. Con el tiempo lo pensé y decidí conservar mi apellido de adopción porque fue una adopción legal, en la que no hubo ocultamiento, no hubo mentiras y en la que no había una apropiación. Para mí, mi nombre encierra todo, porque conservo el mismo nombre que me pusieron mis padres biológicos con el apellido de quienes me criaron.

La historia de Tatiana se diferencia de las de los otros nietos, en cuanto a que a ella no se le negó su identidad.

Los casos son diferentes de alguna manera como yo decía, como el caso de Juan o el caso de Horacito, en donde hubo una mentira, una falsificación de documentación y toda una situación de tironeos entre la familia biológica y la familia adoptiva que en mi caso no se dio. Por eso yo conservo un vínculo con las dos familias. A veces es medio raro cuando lo cuento, porque para mí yo tengo cuatro padres, dos mamás y dos papás. Y a veces esto es difícil de explicar.

 

RECUPERAR LA IDENTIDAD

Tatiana fue siempre consciente de lo que le sucedió, de que sus padres ya no vendrían, aunque al principio no pudo entender la razón de sus secuestros. Cuenta que ella no dudó de su identidad ya que era grande y que sus abuelas fueron quienes las encontraron, en 1980, luego de una ardua lucha en su búsqueda.

A mí las Abuelas me encuentran de muy chiquita, cuando yo tenía seis años. Yo no fui a las abuelas, las abuelas me encontraron a mí.

Era una época en la que las abuelas buscaban en todos los lugares, en los hospitales, en las escuelas, en todos los lugares públicos. Hasta que dieron en el juzgado de San Martín con un expediente, ellas tenían una fotito nuestra y éramos nosotras, así que fue fácil ubicarnos.

¿Cómo fue el encuentro con tu familia biológica?

El encuentro fue muy fuerte. El primer encuentro tuvo lugar en el juzgado, donde estaban las abuelas y estaban mis padres adoptivos también. El juez me preguntó si yo conocía a esas personas, señalando a mis abuelas. En el momento yo miré para abajo y fue como una negativa, en realidad tenía mucho miedo, como les suele sucederles a muchos otros nietos. El primer impacto es muy fuerte. Entonces la primera reacción siempre es negar. Pero en un segundo encuentro, que fue quince días después, yo ya estaba en brazos de mi abuela. Ya estaba volviendo a lo que hacía un tiempo atrás. Así que de alguna manera las abuelas me ahorraron el tiempo de búsqueda. Yo tuve desde muy chica a mis abuelas conmigo y pude conocer a mi familia perdida. A mí no me pasó como a muchos nietos que tuvieron ese ‘tiempo perdido’, en mi caso no fue así. Pero sí fue todo un encuentro muy emotivo, en donde yo también tenía miedo de perder algo.

Tatiana tuvo la suerte de reencontrarse con ambas abuelas biológicas y poder recuperar ese tiempo que no estuvieron juntas. Una de ellas vivía en Córdoba a la cual visitaba frecuentemente.

¿Cómo se llevaban tu familia biológica y tu familia adoptiva?

Muy bien. Se incorporaron enseguida a la vida familiar. Mi reencuentro con mis abuelas no fue un solo día, sino que fueron muchos días y a partir de ahí siempre las quise ver y ellas venían, porque vivían en Córdoba, entonces viajábamos nosotros o ellas venían a mi casa. Y eran mis abuelas, como cuando ustedes visitan a sus abuelas, que les gusta que les cocinen, les hagan cosas ricas, algún regalito. Igual siempre uno tiene su abuela preferida. Yo puedo decirlo, ahora que no están ninguna de las dos, ya fallecieron. Mi abuela paterna siempre que venía a casa se quedaba como un mes en mi casa. Y en el último tiempo disfrutaba mucho también de sus bisnietas. Ella estaba tan orgullosa de que yo había sido mamá y venía y se quedaba conmigo.

La verdad es que las disfruté mucho a las dos, sobre todo a mi abuela paterna, mi abuela Amalia, que siempre fue una gran luchadora de los organismos de familiares en Córdoba.

Tatiana respeta la decisión de su hermana de mantener su historia en la privacidad.

Mi hermana no aparece mucho, porque es una decisión de ella, ella no quiere hacer pública su historia. Trato de respetárselo. Por eso no se sabe nada de ella. Ella se crió conmigo, tiene contacto conmigo. Ahora también es mamá de dos nenes. Está viviendo afuera, ahora la estoy convenciendo para que vuelva a vivir al país. Así que bueno, en eso estamos, tratando de que vuelva.

¿Qué es lo que te sirvió de apoyo para seguir adelante?

Creo que tuve la posibilidad de tener otros padres, unos padres adoptivos que me criaron y que hicieron de padres. No hubo mentiras, no me sentí tironeada sino todo lo contrario. Pudieron hacer la función de papás, y creo que gracias a eso puedo seguir y puedo estar acá contando esto. Esa fue la mayor ayuda que tuve para poder afrontar mi historia trágica en la que quedé en la vía pública cuando secuestraron a mis padres. Fue un antes y un después, ese acontecimiento. Creo que también me ayuda mi forma de ser, mis características personales hacen que, si me caigo, me levanto. Es así, me puede pasar de todo, pero si me caigo, me levanto. Y es una característica que tengo desde muy chica, soy así. Por suerte todo el tiempo pienso, si me pasó algo malo es por algo, con eso aprendo y así puedo sacar lo positivo de toda situación. Eso creo que está bueno.

 

RECONSTRUIR SU HISTORIA

Tatiana reconstruyó con el tiempo qué fue lo que sucedió con sus padres luego del secuestro. Los recuerda de esta forma:

Ellos se conocieron cuando tenían dieciocho años, haciendo teatro en Villa Libertador, que era un lugar en las afueras de Córdoba, un barrio obrero. Los dos venían de familias de clase media, pero habían decidido empezar a militar haciendo trabajos en las villas. Además de eso, les interesaba el teatro y el arte, a mi mamá también le interesaban los títeres.

A partir de ahí, a los dieciocho años, ellos empezaron a militar juntos y a querer construir una pareja, una familia. Eran muy activos, tenían una vida que no sé cómo les alcanzaban las 24 horas para hacer todo lo que hacían.

 

¿Qué cosas pudiste saber sobre tu papá y tu mamá?

Lo que yo sé lo conozco por amigos de mis padres, que me contaron cosas, quizá más de compañeros. Mis abuelas, en cambio, tenían recuerdos de ellos de más chiquitos. Mi papá era muy carismático, muy canchero, era un cordobés muy chistoso. Así es como me lo imagino yo y como me lo quisieron transmitir. Y mi mamá era como más tímida, más seria. Por alguna cuestión se engancharon y decidieron formar una familia. Después de un tiempo ellos se separaron.

Yo me enteré de grande que mis padres habían tenido otra bebé entre mi hermana y yo, que falleció cuando era muy chiquita. Falleció de meningitis, y eso nunca lo supieron mis abuelas. Me lo contaron compañeros de mis padres. Y a raíz del fallecimiento de esta nena ellos se separaron, la pareja no resistió este golpe. Y eran muy jóvenes también... Mi mamá después formó otra pareja con Alberto Jotar, que es el papá de mi hermana. Alberto desapareció el mismo día que mi mamá.

Sobre su historia, Tatiana rescata los momentos felices y sigue planteándose desafíos hacia el futuro.

 

Es una historia que tiene cosas muy lindas, porque es de pura vida, y también tiene cosas muy fuertes. Enterarme de esto fue un choque, porque yo pensé que tenía una hermana y tenía dos. A una no la conocí. Me queda pendiente llevarle una flor a algún lugar, porque seguramente ella sí está enterrada en algún lugar.

 

El padre de Tatiana fue secuestrado el 17 de agosto de 1977 en Córdoba junto a su pareja. Según las investigaciones hasta ahora realizadas, Oscar Ruarte fue llevado al Centro Clandestino de Detención y Exterminio conocido como ‘La Perla’.

 

El secuestro de mi papá me lo contaron y además hay testimonios de eso. Fue volviendo de un viaje que él hacía de Buenos Aires a Córdoba. Cuando llegó a Córdoba, a la casa de él, donde vivía con su novia, hicieron el operativo y se los llevaron a los dos. A los diez días la largaron a la novia de mi papá que no era militante. A ellos los llevaron a un centro clandestino –que se supone que es ‘La Rivera’–. A él después lo llevaron a otro centro clandestino que se supone que era ‘La Perla’. De eso no tenemos más datos, pero son suficientes para pensar que después de ahí lo mataron.

A Mariana, que fue la novia de mi papá, yo también me la encontré de grande. Fue necesario tener varios encuentros con ella porque había sospechas de que ella lo había entregado, familiarmente se corría esa fantasía. Pero por suerte me senté a charlar y me di cuenta de que ella no sabía nada en ese momento. Cuando lo conoció a mi papá y empezaron a salir, mi papá no le contaba nada. Al tiempo le dijo que tal vez tenía ganas de empezar a militar, pero no tenía información. Por eso la largaron, porque también había un plan siniestro de dejar a algunas personas libres o vivas para que cuenten lo que habían vivido ahí adentro. Fue muy feo lo que me contó, no mucho, de lo que es estar adentro de un centro clandestino.

 

TATIANA HOY

Tatiana se recibió de psicóloga y trabaja en Abuelas de Plaza de Mayo en el Área de Presentación Espontánea.

Mi interés está en saber qué pasa por la cabeza del otro. Una de las cosas que a mí me interesaba cuando empecé la carrera era saber ¿qué pasará por la cabeza de un asesino? ¿cómo llega un asesino a ser un asesino? ¿qué cuestiones son las que llevan a un asesino a serlo? Nunca lo pude descifrar porque es muy complejo, pero esas cosas me marcaron.

¿Te quedaste con algún recuerdo material de tus padres?

Mi abuela se mudó muchas veces después de esto y sintomáticamente no se quedó en ninguna casa por mucho tiempo. Era como que iba y venía de un lado a otro. Yo creo que por cierto temor. Pero en esas mudanzas los títeres y ciertas cosas se perdieron, pero hay otras que no. Tengo cartas, tengo alguna ropa, algún adorno, un cenicero que hizo mi papá con un ladrillo. Cosas que tengo de mis padres de su infancia o juventud.

¿Qué se siente ser la primera nieta recuperada por las Abuelas?

Y ¡es mucha responsabilidad! Yo hago un poco de mamá de todos porque soy la más grande de todos los nietos. Pero me gusta ese lugar, me da orgullo. Por un lado sé que es una responsabilidad muy grande pero también sé que yo elegí ese lugar y estoy orgullosa de hacerlo.

Tatiana ha contado muchas veces su historia en los colegios y entiende el valor de que estos testimonios se difundan para mantener viva la Memoria de lo que ocurrió.

Hoy por hoy creo que estar acá es para mí un orgullo. Y poder contar mi historia y que ustedes se lleven a su casa una imagen, un recuerdo, una palabra, algo, para mí es mucho.

 

PALABRAS FINALES

Tatiana deja en su relato un mensaje de esperanza a los jóvenes de hoy, destacando la ilusión de que un mundo mejor es posible.

Si bien yo vi el secuestro de mi madre, eso me permitió también de alguna manera pensar lo siniestro que fue el Terrorismo de Estado. Que fue un plan sistemático y efectivamente había gente que sabía que se torturaba, que se llevaban a mujeres embarazadas. Que se las mantenía vivas para tenerlas de alguna manera de rehenesy sacarles plata a las abuelas. Fueron situaciones muy siniestras, sobre todo la matanza de chicos tan jóvenes. A veces se deshumaniza a los militares o las personas que participaron, pero aunque a veces resulte difícil de pensar, eran personas de carne y hueso que llevaron a cabo este tipo de prácticas atroces. Yo creo que lo más importante que tienen que saber es que esto sucedió realmente, no es una película de ficción. Pero esto sucedió realmente y todos fuimos parte de eso, no solamente yo, todos fuimos parte de una sociedad que se vio afectada. Porque quedó el miedo y quedó el terror, pero también quedó esa semillita de esperanza, de la militancia y de saber que es posible otro mundo.