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MARTA OCAMPO DE VÁSQUEZ

Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora

Fue presidenta de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora

Integrante de Memoria Abierta Integrante de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (FEDEFAM)

Marta Vásquez creció en la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. El 3 de octubre de 1946 se casó con José María Vásquez, diplomático de carrera. Siguiendo los destinos de su marido, Marta formó su hogar en distintos países del mundo mientras criaba a sus hijos: José María, Luis Alberto, Rafael Marcelo, María Marta, Raúl y Gustavo.

El 14 de mayo de 1976 su hija María Marta fue secuestrada junto a su marido César Lugones por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). En ese momento, María Marta tenía 23 años, estaba embarazada, era psicopedagoga y realizaba apoyo escolar en una Villa de Bajo Flores.

Marta comenzó entonces el largo camino por la búsqueda de su hija y su nieto. En 1977 integró el grupo fundador de Madres de Plaza de Mayo y poco a poco se fue constituyendo en referente indiscutido en la lucha por los Derechos Humanos. Participó en numerosos Congresos en el interior del país y en el exterior, extendiendo las palabras de las Madres en la búsqueda de la Verdad y la Justicia. Entre 1999 y 2003 presidió la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos (FEDEFAM).

También presidió la organización Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora y desde allí exclamó con orgullo: ‘Durante el largo camino recorrido nuestra lucha no decayó y cada vez hubo más logros. El pueblo nos acompaña cada vez más, día a día. La juventud nos escucha y quiere oírnos. Son nuestra esperanza para el futuro. Cuando ya no estemos sabemos que ésta, la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, va a perdurar en nuestra Argentina’.

Marta falleció el 18 de noviembre de 2017, a los 90 años, y para honrar su memoria compartimos un reportaje que le realizó el Programa Educación y Memoria de la Ciudad de Buenos Aires en 2012. Su hija María Marta, su yerno y su nieto permanecen desaparecidos.

 

Las Madres estamos recorriendo un largo camino todavía. Y en distintos momentos, hemos tenido prioridades. Ahora que vemos tantas cosas que ya han pasado y que se han cumplido, nuestra inquietud es la esperanza de ver quiénes van a seguir nuestra tarea, nuestros pensamientos, nuestro accionar. En todos estos años, las Madres salimos a la calle sin saber lo que íbamos a hacer pero realmente alguien nos iluminó. Nosotros decimos siempre que fueron ellos, nuestros hijos, quienes nos marcaron el camino y poco a poco hemos llegado a este punto. Hoy la Memoria nos resulta indispensable para el futuro. No se puede perder, es nuestra esperanza de aquellos que nos van a seguir, que van a enseñar a la juventud, a los niños. Cuando vamos a las escuelas, es el futuro el que nos está hablando, Marta Vásquez.

 

MARTA Y SU FAMILIA

Marta nació en Bahía Blanca, pero apenas a los tres años su papá, Rafael Ocampo Giménez, por entonces abogado y fiscal, fue nombrado juez de La Plata. Hacia allí partió toda la familia y allí vivió Marta hasta los 18 años, cuando un nuevo cargo de su padre, esta vez como interventor de la provincia de La Rioja, los vuelve a mudar.

En La Plata estaba muy contenta, tuve una adolescencia muy feliz y con muy buenos recuerdos. En aquella época las cosas eran muy distintas, vivíamos de fiesta en fiesta, siempre en reuniones que se hacían en casas y clubes. En uno de esos almuerzos, en una estancia cerca de La Plata, conocí a mi marido, José María Vásquez. Nos pusimos de novios y a los dos años nos casamos. Él murió cuando llevábamos 47 años de casados.

Su marido era diplomático y por su trabajo vivieron en distintos países del mundo. ¿Le gustaba esa vida?

¡Me encantaba! Nosotros tuvimos seis hijos, María Marta fue la cuarta y era la única mujer. Primero mi esposo fue nombrado diplomático en Italia y allá nacieron los tres primeros. Luego en Argentina, nacieron otros dos, y el último fue en Chile. Íbamos con la casa a cuestas para todos lados y, en general, en cada sitio estábamos 4 años. Mirá si me gustaba esa vida que aún hoy, cada 3 años me entra una desesperación que tengo que salir, cambiar de lugar. Hace poco me puse a contar y llegué a la cuenta de que nos mudamos 17 veces de casa.

¿Y qué hacía usted en esos lugares?

Yo me dedicaba a los hijos y a acompañar a mi marido. Con José María éramos muy unidos. También ayudaba mucho a los chicos, los traía, los llevaba. Después se convirtió en uno de los padres de Plaza de Mayo, aunque siempre temeroso de que me pasara algo.

 

RECORDANDO A MARÍA MARTA

María Marta fue la única hija mujer del matrimonio Vásquez-Ocampo. Con la ternura de una madre surgieron estas palabras desde el corazón que la recuerdan en la inocencia de su infancia y en los ideales de su adolescencia.

Mi hija se llama María Marta Vázquez de Lugones y nació el 28 de diciembre de 1952. Era la única mujer entre 5 varones. María Marta era increíble. Era psicopedagoga. Ella estudió en Perú y terminó quinto año en Argentina porque nos vinimos para nuestro país.

De niña ¿a qué le gustaba jugar?

María Marta era una niña muy femenina, yo me preocupaba porque se criaba entre cinco varones pero ella siempre tuvo sus amiguitas. Jugaba como todas las nenas de su edad: a las muñecas, a las mesitas y siempre tenía alguna amiguita en la casa o iba ella de visita. Era la princesita de la casa a la que todos los hermanos querían. Y obviamente, era la debilidad de su papá.

¿Cuál era su comida preferida?

María Marta no tuvo problemas para la comida. Se come mucho a la italiana en nuestro país, y los domingos era la reunión familiar y siempre había pasta.

¿Qué música o cantante escuchaba?

María Marta cuando terminaba el secundario y empezó su carrera de psicopedagoga, junto con sus compañeras, animaban fiestas infantiles, ella tocaba la guitarra. Después se dedicó a cantar folclore, y la verdad es que la música que escuchaban los chicos de esa época era la de los Beatles. A mí a veces me molestaba porque decía que hacían mucho ruido pero ahora me encantan.

 

Cuéntenos alguna travesura que recuerde

Bueno, después de tanto tiempo pareciera que nuestros hijos eran perfectos. Yo me acuerdo una vez, cuando María Marta tenía 2 años vivíamos en Vicente López, en una casa. Y un día salgo al patio y no la encontraba. Entonces la empiezo a buscar. ¿Dónde estaba? ¡Estaba caminando por la cornisa de la terraza! ¡Casi me dio un soponcio! No sabía cómo hacer, llamé a los hermanos y uno de ellos despacito se acercó y la agarró. De mis hijos varones tengo miles de travesuras, pero de ella no muchas.

¿Cómo conoció María Marta a su marido?

María Marta en esa época ya se había recibido de psicopedagoga y apenas conoció a las monjas empezó a misionar en el Sur, en la zona de Maitén y en Lago Puelo. Así conoció a su marido, César Lugones. Se casaron el 15 de septiembre de 1973. Hacían el mismo trabajo, tenían las mismas ideas Después de un tiempo se desilusionaron de cómo actuaban algunas personas, autoridades. Ellos llevaron hasta molinos para enseñarles a los mapuches a trabajar la tierra. Pero después supieron que las autoridades se quedaban con las cosas que ellos llevaban. Eso aportó a que se fueran y pasaran a militar en la Juventud Peronista. María Marta, César y varias de las chicas que secuestraron trabajaban en la villa del Bajo Flores con chicos y jóvenes. Construyeron una guardería para que las madres pudieran ir a trabajar. Ellas hacían apoyo escolar y cuando faltaba una maestra, me llamaba desesperada y me decía: ‘¿No podés venir?’. Yo soy maestra pero nunca había ejercido...

¿María Marta era la única que militaba de sus hijos?

No, el día de Ezeiza, 20 de junio de 1973, mis seis hijos estaban allí. El más chico tenía 12 años. No me hagas acordar... Yo iba en el auto con mi marido hacia Ezeiza y me enteré del tiroteo por la radio. Me volví loca. Dejamos el auto y empezamos a caminar por la Ricchieri. Era la una de la mañana y no sabíamos nada de ninguno de los chicos. Escuchábamos radio Colonia a ver si decían algo. Por suerte no pasó nada con ninguno de ellos. A media noche mi marido y Emilio Mignone (fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales, CELS) salieron a buscarlos y finalmente a la madrugada supimos que estaban bien.

 

LA DESAPARICIÓN Y LA BÚSQUEDA

El golpe de Estado encontró a Marta Vásquez y a su marido lejos del país, en tierras mexicanas. María Marta llevaba casi tres años de casada cuando la sorprendió la violencia del terrorismo de Estado.

Después, vino el golpe. A mi hija se la llevaron el 14 de mayo de 1976 a las tres de la mañana junto con su marido César Amadeo Lugones. Fue de los primeros secuestros. Estábamos en México porque mi marido estaba de Ministro Consejero en la Embajada argentina. Nos llamaron a las cinco de la mañana para avisarnos. No entendíamos nada. No sabíamos lo que estaba pasando. Me avisó uno de mis hijos: ‘Mamá, se llevaron a María Marta y a César’. Pero yo no sabía qué quería decir ese ‘se llevaron’. Entonces le pasé el teléfono a mi marido y salí corriendo a despertar al menor y a buscar otro teléfono para escuchar lo que hablaban.

Nunca imaginamos lo que pasó. A los chicos se los llevaron en un inmenso operativo que empezó a las once de la noche y terminó a la madrugada. Se llevaron a siete muchachos. En ese grupo también estaba Mónica Mignone. Ellas eran compañeras de colegio.

¿Cómo cambió su vida la desaparición de María Marta?

El primer año no me moví tanto.  Se movía mi marido. Él estaba muy relacionado, era amigo   de militares, de aeronáuticos y de otras fuerzas, y cuando teníamos destinos internacionales siempre estábamos con ellos... Así que para nosotros todavía fue más doloroso ver la actitud que tuvieron. A mí fue como si se me bajara una cortina y esos 43 años de diplomacia no existieran más. A la cancillería sólo volví como Madre de Plaza de Mayo. No quería ni ver a las mujeres de los diplomáticos que se juntaban en las reuniones... algunas hasta dejaron de saludarme. Lo mismo con algunos parientes. Salvo mi papá, que nos apoyó en todo a las Madres. Era el abuelo de Plaza de Mayo y como vivía cerca de la Plaza a veces nos juntábamos en su casa.

¿Usted sabía qué estaba pasando con los chicos que desaparecían?

No, ninguna de nosotras lo imaginaba. Fue muy duro todo ese tiempo. Durante los primeros ocho años yo estaba convencida de que María Marta volvería, que le estaban haciendo un lavado   de cerebro. En 1984 vinieron periodistas de Italia y se quedaron duros cuando yo les dije con vehemencia que estaba segura que mi hija iba a volver. Hasta me molestó. Con el tiempo me pregunté qué habrán pensado de mí... Fue duro saber la verdad, en realidad lo que imaginamos que pasó, porque es poco lo que sabemos hasta ahora.

Cuando se la llevaron, María Marta estaba embarazada...

Sí, pero yo me enteré bastante después. No lo sabía. Después fui conociendo lo que decían algunas amigas, incluso me lo dijo una médica que atendió a mi hija y que me encontró mucho después a raíz de una entrevista en la radio. Estaba de muy poquito. Ya en 1996 supe lo que dijo Adolfo Scilingo (represor de la marina, el primero en hablar públicamente sobre los ‘vuelos de la muerte’). Él dijo que el bebé habría nacido. Pero yo tengo muchas dudas. Llega un momento en que no sabés qué pensar... La búsqueda del nieto me resulta algo que nunca va a llegar. Hubo unos chicos que podrían ser pero que se negaron a hacerse los estudios. Incluso a uno yo lo fui a ver, me presenté, pero el chico no quería saber nada. Le dije que no venía a quitarle su felicidad ni su familia, que sólo quería contarle la verdad, que sus padres fueron excelentes personas. A la edad que tengo, me gustaría encontrarlo antes de irme...

 

SU LUCHA EN MADRES DE PLAZA DE MAYO

Al igual que la mayoría de las Madres, la noticia de la desaparición de su hija cambió completamente la rutina familiar. En los inicios, el dolor de la búsqueda fue transitado en soledad pero, poco a poco, las Madres fueron acercándose y nucleándose llegando a transformarse en un movimiento social de renombre internacional.

¿Cómo se unió a las Madres?

Me acerqué a la Plaza de Mayo al mes que comenzaron las rondas. Me avisó Chela Mignone, mamá de Mónica, con quien éramos muy compañeras. Me dijo: ´Mirá que hay madres que van a la Plaza´. No le hice caso. Volvió a decirme y fui. Desde entonces estuve siempre en la ronda de los jueves.

Así describió Marta Vásquez la lucha de las Madres, en un comunicado emitido por Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, el 30/04/2011

Nos cuesta llegar a comprender el tiempo transcurrido desde el 30 de abril de 1977, día en que salimos a buscar a Nuestros Hijos arrancados brutalmente de sus familias. Nunca más supimos de su destino. Entraron en un cono de sombras.

Por ellos, a 34 años, seguimos caminando y luchando hasta que rompan el silencio los responsables y sus cómplices, de las atrocidades cometidas cuando se aplicaba el Terrorismo de Estado responsable de 30.000 Detenidos-Desaparecidos, miles de asesinados, torturados y vejados permanentemente mientras nos dominó la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976.

Pasaban los años. Seguimos dando vueltas y pronto sentimos que ya no buscábamos sólo a nuestros hijos sino que ‘todos eran nuestros hijos’. No preguntábamos a quienes se acercaban a la ronda ni discriminábamos por religión, raza o política. Todas éramos como hermanas, nos consolábamos mutuamente y nos sosteníamos para avanzar y despertar conciencias.

Nos persiguieron. Secuestraron a tres Madres, entre ellas nuestra fundadora Azucena Villaflor de De Vincenti, y a las monjas francesas. Les costó la vida. Fueron arrojadas al mar desde un avión. Nos llamaron ‘Madres de Guerrilleros’. Qué equivocados estaban.

Pasaban los años. Nuestra lucha de simples mujeres amas de casa fue cambiando. Aprendimos que la denuncia debía extenderse al exterior, fuimos escuchadas y comprendidas en Europa y en los Organismos Internacionales que defendían los Derechos Humanos. Recorrimos parte del mundo, asistimos a congresos, seminarios, reuniones internacionales. Así se enteró el mundo del horror que vivíamos en Argentina.

Pasó el Mundial del 78. El día de la inauguración pensábamos que íbamos a estar solas en la Plaza. Qué gran sorpresa nos llevamos. Había muchísima prensa, cámaras, periodistas de todo el mundo. Fueron días muy difíciles para nosotras, sobre todo el final. Todos festejaban. Otros hijos también. Nosotras llorábamos. No podíamos entender.

Pasaban los años. Para reconocernos comenzamos a usar el pañuelo blanco en Luján, símbolo que ha recorrido el mundo y que nos recuerda siempre que nuestros hijos están a nuestro lado. No se han ido. Nos inspiran y nos dan fuerzas. Ellos nos guían.

Sus ideales se han hecho carne en nosotras y nos preocupamos por los chicos que mueren por desnutrición, por la falta de trabajo, la falta de atención médica, los problemas de los pueblos originarios y de todos aquellos que son excluidos y cuyos derechos son negados.

Nunca perdimos la esperanza de que triunfe la Justicia y nuestra lucha continuará hasta conocer toda la Verdad: por qué se los llevaron, quién dio la orden, quién la ejecutó y queremos conocer su destino final para darles digna sepultura y seguir reivindicando su lucha.

Con el gobierno de Néstor Kirchner la lucha por los Derechos Humanos, la Paz y la Libertad comenzó a reinar. Fueron anuladas, en agosto de 2003, las leyes de impunidad y nuestro país comenzaba a cambiar. La defensa de los Derechos Humanos fue considerada política de Estado. Pudimos ver lo que ahora continúa: cómo la lucha contra la impunidad y el olvido avanzan día a día.

Dijo Pasquini Durán: ‘Las Madres son una fuerza de vida que abrió en la conciencia social la brecha por donde colaron anhelos de Verdad y Justicia. (...) Pese al interminable camino que anduvieron aún está pendiente la primera razón de ser: esos chicos y chicas nacidos de sus entrañas que de pronto desaparecieron de sus vidas devorados por la crueldad planificada de un puñado de verdugos. Son las maestras que nos enseñan con su ejemplo, para una nueva Argentina. Una nueva Argentina como soñaban sus heroicos hijos Detenidos-Desaparecidos’.

Nos cuesta aún creer que durante el largo camino recorrido nuestra lucha no decayó y cada vez hubo más logros. El pueblo nos acompaña cada vez más día a día. La juventud nos escucha y quiere oírnos. Son nuestra esperanza para el futuro. Cuando ya no estemos sabemos que ésta, la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, va a perdurar en nuestra Argentina.

El reclamo de las Madres no se quedó circunscripto al ámbito nacional, sino que desde un principio intentó cruzar las fronteras del país extendiendo la protesta a ámbitos internacionales. Esta lucha que ya lleva más de 40 años, aún perdura.

Usted llevó la palabra de las Madres al exterior ¿cuáles fueron las manifestaciones más destacadas?

Yo participé en numerosos Congresos en el interior y exterior de la Argentina, representando a la Asociación de Madres, como ser en el Primer Congreso de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos (FEDEFAM) en Costa Rica en enero de 1981. También estuve presente en el Coloquio de París de 1981, imágenes que quedaron grabadas en mí para siempre. Lo que viví entonces fue completando el largo camino recorrido y permitiéndome adquirir nuevas experiencias. He asistido en diversas oportunidades a reuniones de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. En 1999 fui elegida presidenta de la FEDEFAM, cargo que desempeñé hasta noviembre del 2003.

Actualmente, soy presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, línea Fundadora. No sólo me gusta viajar sino que me gusta todo lo que es el derecho internacional, las normas de Naciones Unidas. Además de llevar nuestra historia y nuestra lucha, uno de los grandes logros de los organismos de varios países fue la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, votada por Naciones Unidas, que, entre otras cosas, declara la desaparición forzada de personas como un crimen de lesa humanidad. Esto es muy importante: no es lo mismo que un hijo se muera de una enfermedad a que sea víctima del terrorismo de Estado. La desaparición forzada es un delito de lesa humanidad porque es un delito contra la humanidad, un delito permanente, un delito que no prescribe. Yo suelo decir que el delito es permanente de la misma manera que el dolor de un familiar, de una madre o padre es un dolor permanente. Y no nos lo pueden cambiar. Cuando sepamos la verdad, quizás tengamos el consuelo de saber pero por ahora el dolor siempre permanece.

¿Cómo es la situación de las Madres en la actualidad?

Hoy tenemos la suerte de poder decir que las Madres no caminan solas. Tenemos mucha gente alrededor. Tenemos mucha gente del pueblo que asume nuestra lucha, que la comprende y la defiende. Por eso decimos que no hay que parar, hay que seguir. No hay que perder la esperanza. Nuestra vida es ésta: la defensa de los Derechos Humanos para que reinen en el mundo, que haya paz y que haya justicia. Y que esto se cumpla en todos los países del mundo. Es la única manera de que nuestros pueblos puedan vivir en paz.

Nosotras estamos viejas, seguimos y seguiremos hasta el fin de nuestros días. Y estamos felices porque tenemos quienes tomen la posta. Está la asociación HIJOS y la asociación Hermanos. Cuando uno tiene esta lucha dentro de sí no la puede dejar. Uno se puede alejar temporariamente pero no la puede dejar.

 

EDUCACIÓN Y MEMORIA

Construir la memoria en el ámbito educativo es uno más de los desafíos que asumen las Madres. Marta, como mucha de sus compañeras, transitó las aulas y los salones transmitiendo su historia a las nuevas generaciones y dando testimonio de su vida y de su lucha.

Siempre es una fiesta ir a los colegios, nos maravilla, volvemos con una alegría muy fuerte en el corazón. Cuando vamos a las escuelas con las Madres, el vínculo que se establece con los chicos y docentes es impresionante y nos genera una emoción increíble. Volvemos completamente contentas de lo que vemos, de lo que sentimos, porque realmente es una sorpresa dialogar con los chicos: cómo se interesan, cómo saben, cómo nos reciben, las muestras de cariño y respeto que nos brindan. Y esto no ocurre sólo con los alumnos de primaria: recuerdo que una vez me invitaron a un jardín de infantes y quedé asombrada con esos chiquitos.

Esto nos da la pauta de que realmente vamos bien: con educación, la historia no puede repetirse. Estamos más tranquilas, pensamos que no va a haber más dictaduras, que el ‘Nunca más’ es posible.

Respecto a la escuela, se nota que hay un trabajo desde los contenidos y es mérito de los maestros y directores. De todos modos, aún hay escuelas donde los directores o los maestros no opinan como a uno le gustaría que opinasen y donde la reflexión sobre estos temas es más difícil. Hay resistencia: a muchos maestros les cuesta hablar de lo que pasó. En definitiva, depende de la voluntad de los docentes.

Los maestros deben seguir adelante cada día más con esta tarea, no tienen que cambiar. Para nosotras es una gran tranquilidad pensar que el futuro está en manos de esta excelente juventud. Nuestros nietos, bisnietos y todos los jóvenes deben reflexionar y comprender lo que pasó a partir del 24 de marzo de 1976: la angustia que pasamos y seguimos pasando, por no saber por qué se llevaron a nuestros hijos e hijas y cuál fue su destino final.

 

PALABRAS FINALES

La enseñanza de su hija María Marta:

A mí me da orgullo mi hija, pero al mismo tiempo me da pena no haberla entendido antes. Eso me quedó, la comprendí cuando no estuvo...

Después que se la llevaron yo iba a la casa grande que teníamos, a limpiar y cuando agarraba el plumero o el trapo empezaba a llorar. Porque ella me decía siempre: ‘Mamá, ¿de qué sirve tanta limpieza y tanto orden? Hayotras cosas más importantes’. Siempre me lo decía y la verdad que tenía razón… La memoria no puede olvidarse, tiene que estar siempre presente para todos nuestros hijos que ofrendaron la vida por su pueblo, porque hubiera un país con libertad, con paz y bienestar para todo el pueblo. Eso lo deseaban nuestros hijos y eso lo pedimos hoy nosotras.

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